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𝙀𝙡 𝙗𝙤𝙨𝙦𝙪𝙚 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙘𝙪𝙖𝙩𝙧𝙤 𝙫𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨


Autora: María Oruña

(419 pp) – Editorial Planeta, 2020


Este libro es de los que se me quedarán para siempre muy muy adentro. No quería que se terminase porque todavía necesitaba vivir un poquito más en esos bosques, sentir la piedra del Monasterio de San Estevo de Ribas de Sil y conocer más a Marina y su afán por estudiar y descubrir todos los secretos de la botica y la medicina.

¡Cuántas gracias le doy a Cristina de la Librería Mar de Letras por habérmela recomendado. Hablando con ella, me preguntó si conocía a la autora, le dije que Puerto Escondido me había fascinado y ella enseguida me respondió: "Ésta te encantará". No hizo falta más...

El estilo de María Oruña me transporta, me hace leer cómodamente y de repente, me hace detenerme sorprendiéndome con una hermosa descripción, una de esas frases que se graban en el alma y que asocias ya para siempre a un instante, a un personaje, a un lugar...

Esta es la novela principalmente de dos almas, ambas perfiladas y completas, con dos líneas temporales perfectamente definidas: Marina, que vive en el siglo XIX y Jon Bécquer, en la actualidad.

Ella, huérfana de madre, viaja desde Valladolid a la Ribeira Sacra junto a su padre, que es médico. Se quedarán en el Monasterio, del que su tío, el hermano de su padre es abad, para conocer todos los remedios que guarda su botica. Jon Bécquer, por su parte, antropólogo y profesor, vivirá en el lugar la pasión por descubrir qué ocurrió con los nueve anillos episcopales que un día desparecieron de allí.


Comienza el libro con unas líneas escritas por la misma Rosalía de Castro y que son parte de la introducción a Follas Novas, concretamente de: "Dúas palabras da autora". Se refieren a su obra y datan de 1880 siendo de total actualidad para todo lo que vendrá a continuación y que quiero escribir aquí por su incomparable belleza.

"Que lo dejen pasar como un rumor más, como un perfume agreste que nos trae consigo algo de aquella poesía que naciendo en las vastas soledades, en las campiñas siempre verdes de nuestra tierra y en las playas siempre hermosas de nuestros mares, viene directamente a buscar el natural cariño de los corazones que sufren y aman esta querida tierra de Galicia."


Conocemos primeramente a Jon quien en primera persona reflexiona: "No sé si este interés por el sentido de las cosas sería el motivo, entre otros, de que me hiciese antropólogo. Observar y entender a las personas, su evolución y sus expectativas; porque aquella era mi idea primitiva, comprender y estudiar a los hombres desde la perspectiva social, biológica y evolutiva: supongo que sí, qu fue lógico que terminase siendo profesor universitario de Antropología Social. Pero jamás habría imaginado que me terminaría convirtiendo en detective, francamente." (Vid. pág. 12).


Nos cuenta así cómo fue que, conociendo a Pascual, profesor de Historia del Arte en su misma Universidad, fundaron Samotracia: una agencia que vive investigando y encontrando tesoros del pasado. Jon está en el maravilloso y grandioso Monasterio de San Esteban, hoy parador. "Di un paseo más sereno y minucioso alrededor de todo el claustro, leyendo algunos de sus carteles informativos. Nueve obispos del Medievo que entre los siglos X y XI habían ido allí a morirse, cuando aquellas piedras cobijaban a monjes benedictinos y no a turistas de alto nivel. Cada obispo con su propio anillo episcopal y con su mitra, que resultaba ser una especie de gorro alto y apuntado que los revestía de autoridad. Comprendí entonces a qué se había referido la jefa de recepción, qué era lo que yo mismo había visto tallado en piedra por todas partes: aquel extraño escudo con nueve triángulos picudos..." (Vid. pág. 18).

Freno la cita literal porque, al haber terminado el libro, supe qué eran en realidad y no eran las arcaicas mitras... Sin duda, para mí, este es otro de los maravillosos logros de la autora: cómo va tejiendo y cómo todo cobra su sentido al final.


Jon iba a reunirse con Alfredo Comesaña, un joven que completaba su salario en el supermercado con algunas horas de animación a los turistas que visitaban el monasterio. Pero, apareció muerto y a partir de aquí, es cuando entra en escena el Sargento Xocas, que me ha hecho reir en más de una ocasión por su sorna y esa retranca que dicen tan propia de los gallegos. Él será el responsable de investigar las causas del cadáver encontrado y veremos cómo su escasa paciencia se pone en juego ante las dilatadas y minuciosas averiguaciones que Bécquer le va relatando con total detalle.


Paralela a esta historia, vamos conociendo a Marina que en 1830 tenía 33 años y una curiosidad sumamente voluntariosa para aprender, observar y recoger todo apunte que tuviese que ver con hierbas medicinales y ancestros remedios. Joven y guapa, sensible y especial. La imagino con carácter y fuerte de mente y espíritu. Estamos en tiempos del rey Fernando VII y otra de las genialidades de la novela ha sido ir viviendo con total rigor los acontecimientos históricos del momento. Esta conversación entre el abad y el padre de Marina recogen verazmente el panorama: "Esta es una época de cambios y de pérdida de fe. España se desmorona, hermano. La Corona pierde poder y con su desmoronamiento cae la Iglesia. Las colonias ya son perdidas, y hasta están promulgando sus propias constituciones; Uruguay, Ecuador... y en estos días dicen que habrá de publicarse la de Venezuela. Temo que con los ingresos perdidos en las colonias el Gobierno busque en la Iglesia el alivio de sus arcas." (Vid. pág. 80).


Marina poco a poco fue adentrándose en un mundo sólo de hombres en un tiempo en el que las únicas expectativas que para ella se reservaban, eran las de ser esposa y madre. Junto a ella, su joven criada Beatriz, de tan sólo quince años. Marina se enamorará de un joven aprendiz, rechazando al hijo de quien ejercía un poder caquicil en el lugar, el apuesto oficial Marcial Maceda; lo que traerá terribles consecuencias para ambos. Franquila aprendía de los monjes y ayudaba en la botica. No siendo bien visto su amor, ambos se casan en secreto, engrosando la lista de matrimonios ocultos que por entonces se registraban. Él irá a estudiar y a su regreso, al conseguir una plaza en una farmacia, ambos podrían formar un hogar y una familia. Mas, a la terrible opresión de los convencionalismos, vino a sumarse el sufrimiento por la pérdida del primer hijo que esperaban. "Ni su padre, ni Franquila ni fray Modesto pudieron salvar a aquel bebé que nació muerto. Era un niño, diminuto y bien formado, al que llamaron Esteban en honor al lugar donde había sido concebido.

Lo enterraron en el camposanto del pueblo, y Marina le prometió a aquel pequeño soplo de vida y huesos que, cuando ella misma muriese, regresaría para dormir a su lado y darle los abrazos de madre que le habían sido negados." (Vid. pág. 343).



Dejando por unos instantes el dolor que sentí por Marina, vuelvo a Jon. Conocerá a Amelia, los dos se enamorarán poco a poco, al padre Pablo Quijano que desde un primer momento le sorprenderá con su juvenil indumentaria y a algunos habitantes de San Esteban como Ricardo y su mujer Lucrecia, al padre Julián... Todos ellos irán aportando pinceladas que llevarán a la verdad que sólo conoceremos al final y hacia la que camino de puntillas para dejarte el deseo de que leas el libro. Permíteme tan solo la belleza de algunas de sus líneas.

"Era temprano y una brisa fresca provocaba que el aire murmurase, que silbase suavemente avisándonos de que entrábamos en terreno santo. Comenzaban a caer las primeras hojas de los árboles cuando el padre Julián nos abrió la puerta de la iglesia de Santo Estevo." (Vid. pág. 167).

Me ha fascinado revivir estos lugares que conozco, pasear por Oseira y aprender nuevos datos como que la fuente que hoy está  en la Plaza del Hierro en Ourense se la llevaron del Monasterio de Santo Estevo. Un documento le permitió a Jon Bécquer saber que dos jóvenes, siendo uno de ellos mujer, habían salido del monasterio con los anillos.

Así había sido y bajo su custodia estuvieron durante un tiempo hasta que regresaron a su lugar de origen siendo sólo conocedores de ello Ricardo, Quijano y Amelia. Celosamente los dos primeros querían guardar y preservar su valor curativo, su origen y su razón de ser hasta el punto de perder ambos por ellos la vida, dejándonos la incógnita de su escondite.

Ojalá disfrutes de este desenlace que no revelaré, aguardando junto a Amelia, descendiente de Marina, mirando lo que reza su tumba "Fue como un sueño" en mi tierra, en Galicia que es suavidad, hogar y fuerza. (Vid. pág. 277).

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Ya sólo ansío caminar por aquellos bosques y sentir en mí toda su vida, todas sus vidas.



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