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El GUARDIÁN de la MAREA


Autora: Mayte Uceda

(536 pp) – Ed.Planeta S. A., 2021


Inolvidable lectura con la que he disfrutado, sentido, odiado, sufrido y amado. Ha sido tan intensa en emociones que he necesitado el poso de unos días para poder escribir sobre ella pues aún la siento vivamente en mí. Todavía me veo en Marcela Riverol, todavía están mis ojos llenos de esperanza y fuerza; y mi corazón, del más profundo y verdadero amor.


Un breve prólogo nos sitúa en 1939, en julio del año en que Marcela recordaba su travesía a bordo del Valbanera veinte años atrás. Regresaba ahora a su hogar. "El liviano balanceo del barco sobre el mar en calma la arrullaba del mismo modo que la idea de volver a Las Palmas. Sabía que Carmen estaba en lo cierto, que debía superar el pasado y trazar nuevos planes de futuro. Estaba decidida a hacerlo. Pero aún faltaba una jornada para llegar a Las Palmas. Aún tenía tiempo para entregarse una vez más a la nostalgia." (Vid. pág. 13).

Comienza así una novela dividida en cuatro partes, con tres o incluso cuatro escenarios principales, si consideramos el inmenso Atlántico como uno más: Las Palmas, Tenerife y La Habana.

En la primera de ellas, nos acercamos a los personajes y al contexto histórico que me ha fascinado enormemente gracias a la maravillosa documentación que precisa todos y cada uno de los detalles, perfilando la Historia. Estamos en enero del año 1918. "Después de casi cuatro años de guerra, aquella zona cercana al archipiélago de las islas Canarias se había convertido en una ruta transitada por mercantes artillados o escoltados por bancos destructores. También por inocentes embarcaciones que, amparadas bajo la bandera neutral, creían estar a salvo de la guerra.

Nada más lejos de la realidad. Nadie estaba a salvo de una guerra como aquella." (Vid. pág. 17).

Alcanzado un submarino alemán, tres oficiales se debaten entre la vida y la muerte. Uno de ellos, Hans Berger, es rescatado por Gaspar, el primo de Marcela, quien lo lleva a la casa en que vive con su tío Azarías y sus primas. En su mente rondaba la idea de curarlo y luego poder negociar con él, buscando un trato que le favoreciese y enriqueciese.

" (...) Azarías clavó la mirada en su sobrino-. ¿Tiene este oficial algo que ver con los submarinos que dicen haber visto en la Isleta?

Gaspar sonrió de forma casi imperceptible.

-Quieren recuperar a sus hombres. Rondan la costa para presionar a las autoridades. Se acercan demasiado, se dejan ver aquí y allá. Pero no saben que nosotros tenemos el tercero. Seguramente piensan que está muerto. Y esa es mi mejor baza, tío. Si no pagan, se lo ofreceré a los ingleses, así podrán intercambiarlo por algún oficial en manos alemanas. Es lo que suelen hacer, intercambiarse prisioneros. Yo sólo aplico sus propias tácticas de guerra. " (Vid. pp. 60 y 61).

En una situación de temor y desconcierto, fue Marcela quien asistió y cosió como bien pudo la terrible herida. Pero, pasaban los días y continuaban las fiebres y la debilidad. Entonces, pensó en recurrir a Sor Felipa. Ella era la única que podía salvar la vida de aquel hombre . Y así fue como acudió al que había sido su hogar durante toda la infancia, donde los brazos cariñosos de aquella monja la habían criado, protegido y querido; donde había sido su madre.


Herminia, conocida como La Maldiciones, una vecina extraña y misteriosa a la que tachaban de bruja, decidió ayudarles a ocultarlo si a cambio ellos le ayudaban a encontrar a Thomas Hammersmitz, actual vicecónsul de Bélgica en Tenerife. Y fue así como lo llevaron y mantuvieron oculto en la casa que ella tenía en Triana.

"Hans se convirtió en el hito temporal de Marcela. El tiempo se partió en una dualidad que era para ella la más lógica y natural del mundo:

Antes de Hans.

Después de Hans.

Habían pasado más de dos semanas desde que él llegara a sus vidas (...) " (Vid. pág. 128).


Una mañana, cuando Herminia se sintió morir, le pidió a Marcela que fuese en busca de una monja. Fue así como, Sor Felipa, de camino a su encuentro, le contó quién era Thomas.

"-Sólo sé lo que se decía de ella hace años, que Herminia había llegado a la isla procedente de la península para trabajar como institutriz de unos ingleses. Con ellos estuvo un par de años en Liverpool y cuando regresó a Las Palmas se casó con un hombre que no le dio buena vida y que acabó muriendo de grangrena un año más tarde. Fue por esa época cuando empezó a trabajar para los Hammersmitz, una familia belga instalada en Las Palmas que tenía cinco hijas. -Hizo un alto en el camino para respirar y agregó-: Tres años más tarde de quedó embarazada de Thomas y dio a luz a un niño. Y ese fue su mayor drama, hija, porque la señora Helga, que era medio alemana y robusta como un tronco de árbol, la despidió sin llegar a sospechar que su marido era el padre de la criatura. Eso lo descubrió más tarde, cuando se encontró a Herminia y a su hijo en el mercado. -Su hábito crujió al emprender de nuevo el camino-. No tuvo más que ver al chiquillo para darse cuenta. Señor..., el pequeño había heredado los ojos de su padre, que eran especialmente llamativos. Según dijeron en aquella época, Helga montó en cólera y exigió a Thomas volver a Bélgica, aunque creo que el hombre se resistió durante un tiempo. Los que lo conocían decían que no quería abandonar al chiquillo. Pero el caso es que se marcharon, y lo más curioso fue que se llevaron también al crío, que por entonces ya contaba ocho años, bajo el pretexto de que con ellos tendría un futuro mejor." (Vid. pp. 149 y 150).


Comienza la segunda parte con la llegada de Marcela Riverol Cienfuegos a Tenerife.

"Puerto de La Luz

24 de marzo de 1918

Los campanarios de Las Palmas marcaron las diez de la mañana aquel domingo radiante de sol y de luz. De Tenerife, la isla hermana, Marcela solo sabía que tenía un puerto grande y un enorme volcán cuya cima, a menudo cubierta de nieve, era visible desde la playa de Las Canteras en los días libres de bruma y calima. También había estudiado en los libros que Santa Cruz de Tenerife era una ciudad muy Noble, muy Leal, muy Benéfica e Invicta, aunque no recordaba por qué." (Vid. Pág. 180).

Superando las adversidades, logra encontrarse con Thomas y le dice que su madre lo espera. Él recuerda: "-Mi madre y yo nos sentábamos junto a ese árbol. Ella me contaba que los dragos son dragones dormidos convertidos en árboles y que por eso derraman sangre cuando se les hace un corte. -Hizo una pausa y agregó-: Me pedía que pusiera las manos sobre el tronco y decía: '¿No lo sientes, Tomás?, ¿no sientes cómo respira?'". (Vid. pag. 192).

Thomas accede a ir al encuentro de su madre. En la casa de Triana ella lo espera feliz y allí conoce también al teniente Hans. Son horas de dicha para todos. Herminia vive con alegría el reencuentro y el enamorado corazón de Marcela, late por el alemán que la ha cautivado. Días más tarde, Herminia se iría

con su hijo, Hans ya se habría repuesto y volvía al submarino y la gripe comenzaba a dejar un rastro de muerte. "Para mantenerse informada de lo que ocurría en la guerra, Marcela solía acudir a la barbería que frecuentaba su padre, al final de la calle Mayor. Allí el barbero le dejaba pasar las horas ojeando los periódicos en el mostrador de la entrada. Fue así como se enteró, una mañana de finales de septiembre, de que el submarino U-156 se había hundido en el mar del Norte." (Vid. pp. 226 y 227). Horrorizada pensó entonces que no volvería jamás a ver a Hans...

En julio de 1919, la gripe llega en forma de cabalgante epidemia y el padre de Marcela enferma gravemente. Ella fue la única que se quedó a su lado cuidándolo hasta el último de sus días y, como consecuencia, ella también se contagió. Ese mismo mes, terminada la guerra, Hans decide hacer escala en Las Palmas antes de reunirse con su hermana y su madre, necesita verla. En la casa de Triana, éste se encuentra con Isabel (la hermana de Marcela) que le miente, no quiere decirle que está sola y enferma. Es entonces que Hans acude a Sor Felipa quien le cuenta lo ocurrido a su padre días atrás. Presto va a socorrerla y la encuentra moribunda, sin pensarlo la lleva al hospicio. Allí la curarán.


Recuperada de la gripe, siendo conocedor del sueño de Marcela de viajar a La Habana para encontrarse con su hermana Carmen, Hans dice que la acompañará. "A Marcela le temblaron los labios. Se dio la vuelta para que no la viera, pero él se acercó a ella por la espalda, le posó las manos sobre los hombros y le susurró muy cerca del oído.

-Nunca vas a estar sola mientras yo estoy vivo. Si algún día me necesitas, te buscaré, aunque estés al otro lado del mundo. Te buscaré, te encontraré y te pondré a salvo. Lo juro por mi honor." (Vid. Pág.322). Ella igualmente le dijo queque lo buscaría, lo encontraría y lo salvaría; sin saber ambos cuán cierta sería esa promesa.


Enferma Sor Felipa y Gaspar se sobrepasa con Marcela. Siempre la ha deseado.



Se inicia la tercera parte con la partida del Valbanera del Puerto de la Luz el 17 de agosto de 1919. Hans y Marcela a bordo y un triste final que  hará que jamás llegue a puerto. Haciendo escala en Santiago de Cuba, Marcela ve como llevan a la fuerza a una muchacha, la reconoce: es Mili, su amiga del hospicio. Sin dudarlo, acude en su ayuda y el barco parte. Pasan penurias y lo que jamás debían haber vivido. Consiguen finalmente llegar a La Habana, Marcela sólo pensaba en Hans.

El encuentro con su tía Flora y con su hermana Carmen alejó el dolor y unió sus corazones. Examinándola el doctor Castillo es como sabe que el Valvanera lleva días desaparecido y ella está embarazada.

Dará a luz a Elena y pasados diecinueve años regresan a Las Palmas. Logra ver con vida a Sor Felipa, junto a Rosita trabaja en el negocio que ésta regenta. Y es entonces que Thomas le dice que ha encontrado con vida a Hans. Él también había bajado del Valbanera buscándola a ella. Volvió al frente y gracias a una estrategia meticulosa, acompañada de Thomas, logra encontrarse con él.


"No fue hasta octubre de 1947 cuando Marcela Riverol recogió lo que quedaba de Hans Berger tras cuatro años de cautiverio." (Vid. pág. 522)

"Habían atravesado guerras, epidemias y naufragios. El destino había hecho un laborioso trabajo con sus vidas. Pero allí estaban, al fin, y solo la muerte podría separarlos." (Vid. pag. 525). Cuatro meses después se casaron. El amor triunfó, batalla a batalla ganó su más importante guerra.  



¡Qué maravillosa lectura, una caricia para mi alma! Me ha acercado a un momento histórico que apenas conozco: el bloqueo sufrido en Canarias durante la Primera Guerra Mundial, el naufragio del Valbanera y la gripe española. Me ha hecho sentir tanto que aún vive en mí el eterno amor de Marcela y Hans. Me parece escuchar si cierro los ojos el PRELUDIO DE BACH EN DO MAYOR y ver a Hans contemplando el océano.

Gracias Mayte Uceda por dar vida a una novela inolvidable y un epílogo que leo y releo una y otra vez.



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