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En Grand Central Station me senté y lloré

Actualizado: 8 mar 2022


Autora: Elizabeth Smart

Traducción y notas de Laura Freixas

(155 pp) – Ed. Periférica, 2009

Título original: By Grand Central Station I Sat Down and Wept (1945)

Esta lectura ha sido la propuesta por la cuenta de Instagram: @mi.terapia.alternativa para este mes de febrero, con ella participo en su reto: #leeconmaria_escritorasamericanas lo que me hace mucha ilusión pues ya es mi segundo mes en una propuesta novedosa que, como os dije en la lectura del mes de enero, supone el estrenarme en un reto a través de esta red social. Por ello, antes de nada, agradezco a María la elección cuidada, una vez más de una lectura que para mí vuelve a ser todo un descubrimiento.

Es el primer libro que leo de esta autora y, por fortuna, es autobiográfico; hecho que ha conseguido acercarme, por un lado a su estilo literario y por otro, a su vida, permitiéndome incluso ir más allá y buscarla con el deseo de encontrarla y sumergirme en su vida para comprender. 


Las diez partes que lo conforman son como diez instantáneas que captan a la perfección los sentimientos y emociones que vive Elizabeth. Llevándonos con un estilo poético, a su corazón y su pasión. La pasión y el enamoramiento hacia un hombre casado con el que mantuvo una relación de la que nacieron hijos en una sociedad llena de estereotipos, de patrones y que sufría los horrores de la guerra.

"Nuestra aparente distancia gana fuerza. Impersonal, me recuesto en mi silla y digo: veo la vanidad humana; o me llena de alegría comprobar que hay cierta ternura entre ellos dos; y hasta me irrita que él le deje hacer a ella la mayor parte del trabajo, repantingado mientras ella corta la leña para el horno.

Pero no hay vez en que él pase cerca de mí y yo no sienta cada una de las gotas de mi sangre brincar, reclamando su atención. Por mucho que mi mente razone que entre nosotros sólo hay neutralidad, mi corazón sabe que jamás neutralidad alguna estuvo tan llena de pasión." (Vid. pp. 15 y 16).

Elizabeth estuvo profundamente enamorada del poeta George Barker. Su amor surgió tras leer un libro de él y llegó a ser tormentoso hasta el punto en que al leerla, he sentido auténtico vértigo por momentos. Las sensaciones se precipitaban y la forma en que las transmite, llegan con esa inconexión que se produce cuando la pasión anula por completo a la razón y un cúmulo de sentimientos se arremolinan por segundos, inconexos y sólo comprensibles desde la locura del amor.

"Una noche me besó en la frente, mientras conducíamos por la carretera de la costa, y ahora, vaya adonde vaya, siento encima de mí, en suspenso como la espada de Damocles, el beso que jamás se dará: mi cabeza está predestinada. Me cogió la mano entre los raídos asientos delanteros del Ford, y estaba oscuro, y yo estaba mirando hacia otro lado, pero ahora esa mano proyecta en todas partes la sombra de un pulpo del que no podré escapar. La dulzura tremenda de aquel instante me sofoca; durante toda la noche galopan sobre mi corazón centauros que me hincan las pezuñas: el veneno se ha infiltrado en mi sangre. Estoy de pie en el borde del acantilado, pero el futuro ya está decidido. " (Vid. pp.18 y 19).

Atrapada por ese amor que su familia no comprende ni aprueba. Atormentada.

"Todo lo inunda el agua del amor: de todo lo que ve el ojo, no hay nada que el agua del amor no cubra. No existe un solo ángulo en el mundo que el amor en mis ojos no pueda convertir en símbolo de amor. Incluso la precisa geometría de su mano, cuando la contemplo, me disuelve en agua, y la corriente del amor me arrastra." (Vid. pág. 41).

Y con un ritmo que se atropella, la décima parte comienza con las palabras que dan título a la novela: "En Grand Central Station me senté y lloré." (Vid. pág. 127).

"Voy a tener un hijo, y por lo tanto todos mis sueños son de agua. Desde la otra orilla, un fantasma me hace señas, el fantasma de una calamidad a punto de cumplirse. Pero esta noche, el niño reposa en mí como una isla predestinada, la única isla de todos los mares." (Vid. pág. 128).

Aunque no es fácil seguir la cronología de los hechos, pues este para mí es un libro de emociones, de sentimientos... terminada la novela, al leer sobre la autora; descubrí que, tras quedarse embarazada, regresó a Canadá con su familia. Sus padres, que no aprobaban la relación, hicieron lo posible para que él no pudiera entrar en el país. La guerra ya había estallado pero, pudo más el amor y ella se fue a Inglaterra donde continuó su aventura. Él nunca dejó a su mujer, pero tuvo tres hijos más con Elizabeth.

Una apuesta total e incondicional en la que sigue a su corazón, una entrega absoluta y una vida en la que ella manifestó su libertad por encima de cualquier convencionalismo. Valiente y decidida. Poética y llena de sentimiento.







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