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Hôzuki, la librería de Mitsuko


Autora: Aki Shimazaki

Traducción de Íñigo Jáuregui

(138 pp) – Ed. Nórdica libros, 2017

Título original con el que fue publicado por primera vez en 2015: Hôzuki

Durante estas tardes y noches en que el frío ha llegado y el otoño pronto nos dejará, disfruto de la lectura de los tres tesoros que hablan sobre librerías y que hace tan sólo unos días anunciaba en una publicación de Instagram. Los tres son libros diferentes y los tres son mágicos. Con ellos he viajado a Japón, a Londres y a Florencia.

Difícil quedarme con uno, los quiero y he disfrutado enormemente con los tres. Aunque... quizá sí deba deciros que este ha sido para mí  el más especial de los tres.


Hoy os hablaré de HÔZUKI, que es el título con el que originariamente se publicó en japonés. Quizá os haya pasado a vosotros también: yo siento una especial delicadeza cuando disfruto de una lectura de un escritor o escritora de origen nipón e incluso diría oriental por hacer más extensivo un término que abarca obras que son tesoros, luz y tradición. Su forma de escribir, su sosiego en las descripciones y a la vez su depurada concentración, consiguiendo en pocas palabras expresar un universo... hacen que me descalce y camine de puntillas para casi acariciar el alma de los personajes que son terrenales, por supuesto, pero a la vez son tan espirituales que es una delicia encontrarse con ellos.

El libro comienza con una preciosa imagen, Tarô pese al frío, está fuera de la librería. Es el ha-tsu-yu-ki, la primera nevada. Recreando la nieve, su tacto y su blancura, avanzo en las páginas hasta llegar al final donde un pequeño glosario ofrece la traducción de los términos en japonés y lo repito serenamente, aún a sabiendas de que seguramente esa no será la pronunciación correcta... pero con cada sílaba, me siento más feliz.

Tarô es el hijo de la dueña de la librería, vive con ella, con su abuela y con su amoroso gato Sócrates. A la librería entra en ese momento una elegante mujer de unos treinta y pocos años con su hija, algo menor que Tarô. Busca libros de filosofía para su esposo. Se llama Kako Sato y su pequeña, Hanako. Entre ésta y Tarô nace un feliz encuentro y mientras esperan por los libros, ambos juegan distraídos a todo lo que hay a su alrededor.

La señora Sato sale con seis de los siete libros que su marido le había encargado y con cinco más de psicología y Arte. Mitsuko se queda pensando en lo ocurrido y en quien será su marido, su conversación ha sido extraña y no entiende por qué le ha preguntado cómo se escribe Kitô (el nombre de la librería) en kanji. Nadie se lo había preguntado nunca, todos supondrían que era el apellido del dueño y que éste habría elegido la escritura hiragana para el rótulo. Pero, su apellido, al igual que el de su hijo es Tsuji.

Cuando Tsuji llama a la señora Sato para decirle que ya ha llegado a la librería el libro que su marido espera, que puede pasar a recogerlo o que ella misma se lo enviará sin ningún problema a la dirección que le indique, la señora Sato le responde que le haría muy feliz que ella y su hijo fuesen a su casa. Le cuenta entonces que su marido es diplomático y que lo han destinado a Fráncfort. Ella y su hija se reunirán con él en dos meses y nada la haría más feliz que esa velada de los cuatro en su casa antes de marcharse.


La historia da entonces un giro radical y del escenario de la librería, vamos a un hotel barato para ejecutivos. Allí Mitsuko se arregla como cada viernes por la noche para trabajar en un bar desde las ocho hasta las doce. "Refrescada, me cambio de ropa: un vestido azul oscuro, ceñido y escotado. Luego me pongo delante del espejo y me maquillo: colorete en la cara, pestañas postizas largas y negras, sombra azul en los párpados y carmín rojo en los labios. Por último, me cambio de peinado: pelo largo que cae sobre la espalda y flequillo que me cubre la frente hasta las cejas. Ya estoy transformada en chica de alterne." (vid.pág. 31). Su madre lo sabe, pero Târo no. Duerme en el hotel y a la mañana siguiente recorre varias librerías de ocasión para comprar libros y estar de vuelta en la suya como si de un frecuente y habitual viaje de negocios se tratase. Trabaja en el club de alterne desde hace más de cuatro años lo que le permite pagar la hipoteca y el colegio de su hijo. Clientela selecta: escritores, historiadores, científicos y artistas.


Han pasado nueve días desde que avisó a la señora Sato de que el libro había llegado. Por fin van a recogerlo y le deja amablemente una tarjeta por si Tarô algún día quisiese ir a jugar con su hija. Mitsuko sigue sintiendo una extraña sensación ante aquella mujer.


Habiendo dejado la abuela de Tarô, que es católica, un folleto sobre la mesa, él pregunta si podría algún día acompañarla a la iglesia. Decepcionado cuando le dicen que no entendería nada y que se aburriría, su madre le hace inmensamente feliz al comunicarle que el domingo próximo podrá jugar con Hanako pues su madre los ha invitado a su casa. Tarô es sordomudo de nacimiento.


Un nuevo giro en el argumento, nos hace descubrir que no es su hijo biológico, que la historia que le ha contado una y otra vez no es verdad. Su padre no es español, no se llamaba Felipe y no murió cuando él todavía estaba en la barriga de su mamá. Tanto él como Sócrates fueron abandonados. "Tarô cree, como mi madre, todo lo que le conté sobre su nacimiento. Da igual. Lo importante es que tiene en nosotras dos a su madre y a su abuela." (vid.pág. 46)

Ya en la casa de la señora Sato, ella le cuenta que su hija nació en España, tiene cuatro años y vivió allí hasta los tres y medio.

Es el rimer domingo de enero y Tarô va a ver a Hanako, que en dos semanas se marchará a Alemania. La especial conexión entre ellos es increíble. La señora Sato le cuenta entonces que su matrimonio fue un acuerdo.

Tarô sigue preguntándole a su madre y ella le cuenta que nació en Kanazawa, él quiere saber dónde de está y corre presuroso a por un mapa. Los diálogos son tan sutiles y delicados. La autora aborda con un estilo tan cuidado el tema de la maternidad, d los lazos familiares... del amor. Y mientras... sigo embelesada por las musicales palabras en japonés que voy aprendiendo y por el gusto por las tradiciones que tan celosamente guardan.


Cuando Mitsuko emprende el viaje en tren que dejaría atrás lo vivido (su relación con Shôji al que sigue llevando en su corazón y su aborto) en busca de un nuevo futuro, se baja en la estación de Maibara, deja la maleta en la consigna pues el transbordo aun le ofrecía tiempo y, cuando regresa a recogerla ve que la puertecita que estaba por debajo de la suya estaba un poco abierta. Pensó en informar a algún empleado de la estación, pero le pudo más la curiosidad y la abrió del todo: dentro había una caja y en ella ¡un bebé junto a un tallo de hôzuki!

Lo tomó en sus brazos y el plan de ir a Osaka se desvaneció por completo, cogiendo su maleta, decidió ir a Kanazawa. Acudió con el bebé en brazos a casa de la comadrona y le suplicó que redactase un acta de nacimiento. Ella se negaba pues no había estado en el parto y no sabía cómo había sido todo y ni siquiera había testigos pues Mitsuko prolongando la mentira, le dijo que el padre del niño era un inmigrante clandestino que había desaparecido tras el parto. Compadecida, la comadrona examinó al bebé y le dijo que se lo pensase bien y volviese a los tres días, el niño podría ser sordo.


Es lunes 14 de enero, fiesta del seijin, y tal y como le prometió a Tara, por la tarde van al zoo de Higashiyama con Hanako y su madre. Mientras los niños juegas, ellas conversan y Mitsuko le cuenta la vida de su madre al tiempo que va abriendo poco a poco su corazón. Se despiden con tristeza, mas con la esperanza, como dice la señora Sato, de volver a encontrarse pronto. Le enviará la dirección de Alemania.


Tres días después del seijin, Sócrates muere. Cuando Tara regresa de la escuela y lo ve tieso dentro de una caja de cartón forrada con algodón blanco, le dice a su madre que va a por flores. Al regresar, le muestra un paquete envuelto en un papel crema.

"Al abrirlo, el corazón me da un vuelco. No es un ramo de flores, sino un hôzuki de dos tallos, con frutos cuyos cálices son de un naranja intenso.

- Son bonitos, ¿verdad?´- dice Tarô, sonriendo.

- Sí, son muy bonitos- respondo vacilante.

Mi madre viene con nosotros y repara enseguida en los hôzuki." (vid. pp. 93 y 94).


La señora Sato acude a ver a Tsuji la noche antes de partir de viaje. Necesita hablar de forma apremiante sobre su hijo. "- Sé que mi historia la perturbará, pero debo compartirla con usted. Es usted la única persona a quien puedo confiar este secreto." En una noche larga para las dos, bajo la luz de la luna y en el silencio de la librería, la señora Sato le dice que Tara es su hijo, ella lo abandonó en la estación. Mientras el agua hierve para un té, Mitsuko sube y entra en la habitación a ver a su hijo que duerme plácidamente.

"Me digo: "Eres medio hermano de Hanako, la amiga que adoras y tu media hermana": Le acaricio el pelo castaño, con los ojos empañados por las lágrimas. Oigo la nana de la comadrona:

"Hôzuki, hôzuki, el amor enjaulado.

Naranja como el lirio atigrado,

reluciente como el sol.

¡Qué alegría! Tú eres mi resplandor".

Pienso en el momento de nuestro encuentro decisivo, el de Tarô y el mío". (vid pág. 113)

Con calma y entre lágrimas, con la confidencialidad de dos madres que han querido y quieren al mismo niño, la señora Sato le cuenta su vida. Como naciendo en el seno de una familia muy conservadora, abandonó su hogar y cómo tuvo que abandonar a su bebé pues ellos jamás entenderían su situación. Imposible tener un hijo fuera del matrimonio, con un hombre casado y bajo los efectos del alcohol. Pensó en abortar, pero fue incapaz. Y Tarô nació...

"Señora Tsuji, se puede imaginar mi sorpresa cuando vi a su hijo. Un niño mestizo y discapacitado. Su edad, su cumpleaños -el 15 de enero-, la fecha que nunca olvido... Todo concordaba. Además, el nombre de Tarô y su padre español. Igual que su pasión por la pintura, ¡como yo de niña! ¿Cómo era posible todo aquello? Me estremeció también el nombre de su tienda, Kitô. Aunque esté escrito en hiragana y usted dijese que significa "oración", para mí se trataba de hôzuki. ¿Cómo podía ignorar todas esas coincidencias?

Lloré: "¡Es él! ¡Después de siete años, Tara ha vuelto a aparecer ante mí! ¡Un niño maravilloso, feliz y atento!". En mi cabeza, no podía dejar de darle las gracias por ser una madre tan buena para él. Sí, Tarô, nació para vivir con usted." (vid. pp. 124 y 125)


Se marchan a Alemania y el libro termina con una escena realmente hermosa. Tarô que se había ido de casa sin avisar, regresa con una caja en sus brazos, dentro un pequeño cachorro.


"-Tarô...

-¿Sí, mamá?

- Tú naciste para salvarme la vida.

- Ya me lo has dicho, pero tú me tuviste porque quería ser tu hijo.

- Entonces nos necesitamos el uno al otro.

-Sí, debe ser - dice como un viejo sabio.

Se detiene y examina a Shaka, cubierto con la bufanda de rayón hasta el cuello. El cachorro bosteza y Tarô me sonríe. En ese momento, vuelvo a ver un fruto de hôzuki vivo y naranja como la luz. (vid. pág. 135)

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Cuánta ternura y sensibilidad en esa novela y qué dulce y a la vez intenso sabor a té verde con el que la he disfrutado. Bebiéndomela a sorbos, imaginando una historia que quisiera vivir: la vida de Mitsuko y el sentido que cobró al ver a ese bebé que la cambió por dentro junto al vivo y presente naranja de los hôzukis. El dolor desgarrador de la prisión en la que vivía la señora Sato y la calma del paso de las estaciones y las tradiciones. Leerla ha sido como contemplar un cuadro que cambiase de color, de luz. Una fortuna escondida en tan pocas páginas que la idea de una historia contada bajo la nieve se hizo presente en tantos y tantos momentos... Sin duda, un regalo para el corazón.

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Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954)

Novelista y traductora canadiense de origen japonés. Se mudó a Canadá en 1981, y ha vivido en Vancouver y Toronto. Actualmente vive en Montreal, donde enseña japonés. Escribe y publica sus novelas en francés desde 1991.

Su segunda novela, Hamaguri, ganó el premio Ringuet en 2000. Su cuarto libro, Wasurenagusa, recibió el Premio Literario Canadá-Japón en 20002, y su quinta obra, Hotaru, el Premio Gobernador General 2005 de ficción en lengua francesa. Sus libros han sido traducidos al inglés, japonés, alemán, húngaro y ruso. (Información tomada de la faja del libro).



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