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𝘌𝘭 𝘨𝘢𝘵𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘮𝘢𝘣𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰𝘴



Autor: Sosuke Natsukawa

Traducción de Marta Morros Serret

(253 pp.) – Ediciones GRIJALBO


Esta lectura es la de un cuento que mezcla la fantasía y el misterio para hacernos llegar un mensaje de amor a los libros, a la sabiduría, a la tradición... Cada día que me sumergía en sus páginas pensaba en mi madrina y también en mi ahijada. A las dos les encantan los gatos y las dos adoran leer. Por ellas y para ellas, escribo hoy estas líneas.


Rintaro es un adolescente que vive con su abuelo que tiene una librería. Ya al comienzo del libro sabemos que acaba de fallecer.

"Rintaro Natsuki era un estudiante de secundaria como cualquier otro.

Era más bien bajito, llevaba unas gafas bastante gruesas, tenía la tez clara y no hablaba demasiado. No era un muchacho atlético, no sobresalía en ninguna asignatura en particular y no le gustaba ningún deporte. En resumen, era un adolescente de lo más normal.

Sus padres se habían divorciado cuando era muy pequeño; después, su madre pasó a mejor vida aún joven, y cuando Rintaro comenzó la primaria su abuelo se hizo cargo de él. Desde entonces, siempre habían vivido juntos, los dos solos. Y si bien esa circunstancia peculiar debería haber hecho que se sintiera diferente, Rintaro la consideraba tan solo un aspecto más de su anodina existencia.

Pero la repentina muerte del abuelo, tan inesperada, complicaba un poco las cosas." (Vid. Pág. 9).



"La librería Natsuki era una tienda pequeña que se encontraba en un lugar de difícil acceso a la ciudad.

Tenía una estructura de lo más peculiar.

Desde la entrada, un pasillo largo y estrecho se adentraba hasta el fondo del local, con las paredes revestidas por robustas estanterías que llegaban al techo y parecían observarte desde ñas alturas. Varias lámparas retro colgadas del techo reflejaban una tenue luz sobre el gastado suelo de madera.

El único mueble era un pequeño mostrador con una caja registradora situado más o menos en el centro, y el pasillo terminaba en una tosca pared recubierta de madera que impedía ir más allá. A pesar de esa barrera, cuando se atravesaba la luminosa puerta de la entrada la tienda aparentaba ser más profunda de lo que era en realidad, y por un instante parecía que aquel pasillo repleto de libros se extendía hasta el oscuro infinito.

La imagen del abuelo leyendo tranquilamente a la luz de una lamparita en medio de la librería estaba en a memoria de Rintaro con una sombra peculiar, como un retrato de refinada simplicidad que hubiera pintado con sumo esmero un artista occidental.

'Los libros tienen poder', solía decir el abuelo.

Era parco en palabras por naturaleza, apenas charlaba con su nieto, pero si la conversación giraba en torno a los libros hablaba con pasión y entornaba más los ojos, ya de por sí rasgados.

'Solo los libros antiguos que perviven en el tiempo son realmente poderosos. Si lees muchos de ellos, tendrás un montón de amigos con los que podrás contar siempre.'" (Vid. Pp. 21 y 22).


Siempre sabias las palabras de su abuelo, son la antesala al hilo conductor que lo llevará por varios laberintos: En el primero de ellos, un hombre tenía encerrados los libros. En el segundo, uno los recortaba. En el tercero, otro pensaba en venderlos y en el último... profundas palabras de una misteriosa mujer, hablan de un pasado en que "nadie ponía en duda que los libros tenían alma. Lo sabían bien las personas que los leían. De manera que se propiciaba un intercambio de emociones." (Vid. Pág. 216).


Un mágico y misterioso gato atigrado llamado Tora, se le aparece a Rintaro de la nada y con locuaz conversación lo va guiando en cada una de las misiones en las que, traspasando el fondo de la librería se adentran en universos de fantasía. Conversan con cada uno de esos peculiares hombres y al lector, nos hacen pensar en distintos comportamientos ante los libros: el del que quiere atraparlos, que no se escapen, que no se pierdan; el del que los recorta y solo lee fragmentos en una voraz compulsión cuyo objetivo es la optimización de la lectura y el del que edita y edita, publica y publica sin un criterio verdadero.

A medida que avanza el argumento, vas sintiendo más y más lo que los libros hacen por nosotros y en nosotros.



  Envuelta en la caricia que siempre siento cuando leo literatura japonesa; además de ternura, ha habido momentos en los que he sonreido. He sentido que Tora es el espíritu del abuelo de Rintaro y el percibirlo así, me ha reconciliado con lo que siempre llevo en mí como un valioso tesoro: la sabiduría de los que han vivido mucho, la ternura de los que se mueven por el corazón y la delicadeza de un pasado lleno de lecturas.

"-Los libros describen muchos pensamientos y sentimientos humanos. Hablan de personas que sufren, que están tristes, que están alegres, que se ríen... Al entrar en contacto con sus historias y sus palabras, nos identificamos con esas personas y podemos comprender sus sentimientos y conocerlas mejor. Y no solo hablo de las cercanas, sino también de las que viven en mundos distintos de los nuestros. Gracias a los libros, podemos sentir todo eso." (Vid. Pág. 229).


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1 Comment


javi.vi4300
Jun 22

Buen y enternecedor libro.

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