Mi nombre es Skywalker
- bajoinfinitasestrellas

- 23 nov
- 6 Min. de lectura

Autor: Agustín Fernández Paz - Ilustraciones: Puño
(89 pp.) – Ed. SM. Col. "EL BARCO DE VAPOR" (serie naranja), 2016 (21ªedición)
Apenas fue el tiempo de beber un café con leche bien caliente, disfrutar estas galletas... y ya había acabado esta bonita lectura de menos de 100 páginas que me ha dejado una caricia en el alma y una sonrisa al elevar mi mirada a las estrellas.
Adoro el estilo de este escritor al que descubro en castellano. Es oriundo de Lugo y todos los libros que he disfrutado de él, han sido en galego. Su sensibilidad y la sencillez a la hora de contar historias, atrapa. En esta, Raquel una niña curiosa y con una imaginación desbordante, conoce a Skywalker, un vagabundo que le dice ser de otro planea y estar en la Tierra para elaborar un informe sobre los habitantes, sus costumbres y comportamientos.

A Raquel le gusta asomarse a la ventana y observar la vida que bulle en torno a un supermercado que acaban de abrir en su calle. Feliz espera a la mañana del sábado para ir con su madre a comprar.
"Una tarde, algo llamó la atención de la niña. No eran los coches que iban y venían buscando un lugar donde aparcar. Y tampoco la gente, que entraba y salía por las puertas del supermercado con tantas prisas como cualquier otro día. No, lo que le llamaba la atención era una novedad en la que nunca antes había reparado: un hombre vestido con un pantalón negro y con una chaqueta de llamativos cuadros verdes y marrones, que permanecía de pie frente a la puerta de salida, inmóvil entre aquel continuo movimiento.
Desde donde estaba, Raquel solo le podía ver la espalda. Pero, a veces, cuando el hombre giraba un poco el cuerpo para seguir a alguna persona con la mirada, entonces le veía fugazmente una parte del rostro, y veía también que sostenía una pequeña caja con la mano derecha. Debía de ser mayor, porque su pelo era escaso y ya comenzaba a blanquear.
¿Qué tenía de especial aquel hombre? Al principio, Raquel pensó que era su inmovilidad. Parecía una estatua, parado en medio de tanto ajetreo! Pero, después de observarlo durante bastante tiempo, la niña se dio cuenta de que se fijaba en él por una causa más extraña.
No era solo el hombre lo que le llamaba la atención, a pesar de llevar aquella chaqueta tan estrafalaria. Más bien tenía que ver con todas las personas que caminaban a su alrededor. Pasaban a su lado como si aquel ser no existiera, como si no estuviese allí, ocupando un lugar en el espacio. Eso era lo realmente extraño: ni una mirada, ni un gesto, ni una palabra. Aquel individuo parecía ser transparente para los hombres y mujeres que se cruzaban con él.
«¡Nadie lo ve, parece invisible!», pensó Raquel. Se quedó parada un momento, con los ojos muy abiertos, meditando aquellas palabras que se le habían ocurrido. Volvió a mirar con más atención. ¡Nada! Nadie le hacía ningún caso, ni siquiera recibía una mirada fugaz. «¡Ese hombre tiene que ser invisible, no hay otra explicación!».
Excitada por el repentino descubrimiento que acababa de hacer, llamó a su madre con voces impacientes.
-¿Qué quieres, hija? ¿A qué vienen esos gritos? -preguntó la madre cuando se acercó
a la ventana.
-¡Mira, mamá, mira! -exclamó Raquel-. (Mi nombre es Skywalker, pp. 11, 12 y 13 y 14)
Desde aquel momento, comenzó a observalo con curiosidad.
"Con la mano izquierda sujetaba un cartón rectangular que apoyaba contra su pecho; en él aparecían escritas unas pocas palabras: «NO TENGO TRABAJO. NECESITO COMER». Con la mano derecha sostenía una pequeña caja metálica, con algunas monedas dentro. Una caja que movía con timidez cuando alguien pasaba a su lado.
Raquel observó después a su madre. Ahora podría comprobar si ella lo veía o no...". (Ibid., página 21)
Decidida a saber más sobre él, se acercó y comenzó a hablarle.

"-Entonces, ¿qué haces delante del supermercado todo el día? -insistió Raquel-. ¿O no me lo puedes decir?
El hombre no respondió. Una sombra de amargura pasó por su rostro; pero fue algo pasajero, porque pronto volvió a instalarse en él la sonrisa amable de antes.
-Sí que te lo voy a decir, pero con una condición: tienes que guardarme el secreto, guardarlo para siempre. Será algo solo entre tú y yo ¿Me lo prometes?
-Sí, te lo prometo - respondió Raquel, impaciente.
El hombre dudaba, como si le costase encontrar las palabras precisas. En vez de hablar, miraba hacia el cielo, en el que ya se notaba la llegada del anochecer. Después de un rato, bajó la voz y dijo:
-En realidad, vengo de muy lejos. Yo soy..., soy... ¡Soy un visitante de las estrellas! Ahora ya lo sabes tú también.
Después permaneció callado, aguardando la reacción de la niña. Pero, aunque en sus ojos se notaba bien el inmenso asombro que le había producido aquella revelación, Raquel continuaba en silencio, a la espera de más explicaciones.
-Verás -añadió el hombre-: procedo de un planeta muy lejano, donde tenemos una civilización mucho más adelantada que la vuestra. Ya hace tiempo que queríamos saber cómo eran los habitantes de la Tierra." (Ibid., pp. 33 y 34).
...
"Yo me llamo Raquel, perdona que no te lo haya dicho antes. ¿Cuál es tu nombre?
El hombre no contestó de inmediato; parecía dudar ante aquella pregunta tan inocente.
Raquel insistió:
-¿También es un secreto? Puedo llamarte el Hombre Invisible, si es que no me lo puedes decir. O el Hombre de las Estrellas, que es más bonito.
-Skywalker -respondió finalmente el hombre. Es mejor que me llames Skywalker.
-¡Skywalker! ¡Te llamas como el de La guerra de las galaxias!
-Como el de La guerra de las galaxias, sí. No sé si ya lo sabes, pero Skywalker quiere decir «el que recorre el cielo» o «el que camina por el firmamento». Eso es lo que yo he hecho durante toda mi vida, y lo que voy a seguir haciendo en el futuro.
-Adiós, Skywalker -en la voz de la niña había un tono de irrefrenable admiración-.
Volveré pronto, tienes que hablarme más de ti y de tu planeta. ¿Me lo prometes?
-Claro que te lo prometo, Raquel. Pero no te olvides de que es un secreto entre nosotros dos -contestó el hombre, mientras seguía con la vista la figura de la niña, que corría ya por la otra acera, en dirección a su casa." (Ibid., pp. 37 y 38).
Raquel le sigue una mañana y ve que se mete en el bajo de los gatos, allí con un cazo al fuego y una sopa caliente, Skywalker le cuenta que por la noche viaja telepáticamente a la luna donde descansa hasta el día siguiente. Pero, comienza a darse cuenta de que la pequeña tiene más y más preguntas y es entonces que unos días después le dice que tendrá que irse, que su trabajo aquí en la Tierra ha terminado y le piden regrese a su planeta. Ambos se despiden con tristeza y él le regala a Raquel una bola de cristal con una ciudad y sobre ella, una inmensa luna. Le dice lo feliz que está de haberla conocido y le asegura que cuando mire a la luna, ambos se recordarán. Ella le obsequia con una caracola que le hará pensar en el mar que no tiene en su planeta cuando se la acerque al oído.

La noche siguiente, Raquel, mira con asombro la luna más grande que nunca ha contemplado. Skywalker la ve desde el vagón del tren en el que viaja junto a otros muchos, la mayoría de piel oscura y piensa... en la fortuna de que no tenga techo y así poder disfrutar de la belleza que ilumina la oscuridad.
.......
Podría hablar y hablar, escribir y escribir sobre el mensaje, la sensibilidad y esta manera tan bonita de acercar una realidad triste que habita en las calles, en los soportales, en las entradas de lujosos comercios y bajo los puentes. son invisibles para quienes han vuelto gris su corazón y presentes para quienes los miran con alma limpia y ojos de esperanza. No tienen hogar y a la vez son habitantes del mundo, caminantes de estrellas como Skywalker.



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