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𝘚𝘢𝘯 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦 𝘺 𝘦𝘭 𝘥𝘳𝘢𝘨𝘰́𝘯


Adaptación del texto: Eva Rodríguez - Ilustraciones: Mike Ibáñez

(26 pp.) – Ediciones Jaguar, 2014

Tan bonita y colorida edición me ha hecho disfrutar todavía más de una historia que me fascina desde niña. El dragón, el valiente caballero, la rosa...


" Hace muchos, muchos años, en los tiempos de la magia, las brujas y los caballeros andantes, existió un dragón que tenía atemorizado a todo un reino. El dragón destrozaba todo a su paso y solo se calmaba cuando los aldeanos le entregaban algún animal para devorar.

Pero, poco a poco, bocado a bocado, el ganado iba desapareciendo. Los habitantes del reino temblaban de miedo pues los animalejos de sus corrales estaban a punto de terminarse, ya no había: gallinas, ni ovejas, ni patos, acaso alguna vaca..." (Vid. Pág. 2).

Cuando llegó el día en que todos los animales habían muerto, decidieron que la única posibilidad sería que cada mañana un aldeano se presentase voluntario, pero todos huían pues ninguno quería ese final. Determinaron entonces que harían un sorteo. "Y así fue como, cada día, aquel que salía elegido se despedía de sus seres queridos y vecinos para encontrarse con el malvado dragón". (Vid. pág. 6).

Un día le tocó a la princesa, la preciosa hija del rey, querida por todos, tuvo que aceptar el destino pues era lo justo. Salió al encuentro del temible dragón y al adentrarse en el bosque se encontró con un apuesto caballero con armadura y una lanza muy larga sobre un bello caballo blanco.

"-¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?

- Mi nombre es Jorge, para serviros bella dama. Y aún no sé bien cuál es mi propósito, ha sido mi caballo el que me ha traído hasta este reino." (Vid. pág. 9).

Asustada, ella le contó lo que ocurría y cómo el dragón mantenía atemorizados a los lugareños. Él se detuvo a escucharla y siendo además de apuesto, noble y valiente... se enfrentó con decisión. Supo entonces cuál era su misión y su certera lanza dio muerte al enemigo.

"La sangre brotó de la herida, pero al tocar el suelo, mágicamente, se convertía en rosales que crecían con bellas rosas de un rojo intenso.

El caballero eligió la más bonita y se la ofreció a la princesa, que ya no estaba nada asustada, sino feliz y sonriente." (Vid. Pág.17).

"Cuando el rey conoció esta historia, se mostró tan contento y agradecido que le ofreció al caballero la mano de su hija para que se casase con ella. Pero el caballero que era muy noble y piadoso, le dijo:

-Agradezco mucho vuestro ofrecimiento, pero aunque la princesa es más bella que una estrella del cielo, he cumplido mi misión porque Dios me lo ha encomendado y sé que mi destino es servirle allá donde Él me necesite." (Vid. pág.20).

Así termina tan bonita historia y así es como celebramos el 23 de abril la onomástica recordando a este valiente y piadoso caballero. Regalamos en esa fecha una rosa como la que él entregó a la princesa y además, celebramos también el Día del Libro.











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