top of page

El misterio de Chalk Hill

  • Foto del escritor: bajoinfinitasestrellas
    bajoinfinitasestrellas
  • hace 4 días
  • 6 Min. de lectura

He disfrutado enormemente esta novela por su cuidada ambientación, por el argumento y por el eco a una obra que en su tiempo me cautivó: Jane Eyre.

En el año 1890, Charlotte llega a Chalk Hill con el cometido de ser la institutriz de la pequeña Emily, que con tan sol ocho años, ha perdido a su madre unos meses atrás. Su padre, reconocido diputado, apenas le demuestra cariño y ella, de naturaleza enfermiza crece junto a las muestras de afecto de su niñera en una inmensa, fría y misteriosa mansión inglesa.


"El secretario de sir Andrew Clayworth, el diputado del Parlamento que iba a ser su patrón, le había enviado una carta con unas precisas instrucciones de viaje. En Dover tenía que tomar el tren hasta la estación de Dorking, en el condado de Surrey, donde un coche de caballos la recogería. Las horas de llegada y de partida de barco y tren estaban perfectamente sincronizadas. Charlotte miró preocupada la hora pues era bien entrada la tarde. Seguramente llegaría a Dorking de noche.

Aunque el tren tenía que llegar a las cinco y media, se hizo esperar. Otros pasajeros deambulaban inquietos de un lado a otro, fumando, mirando repetidamente la hora o echando un vistazo al horario. Las sombras se alargaron, y el frío otoñal apartó el último rastro de calor de aquella tarde de septiembre. Una racha de viento levantó la hojarasca con un remolino y agitó los sombreros de los pasajeros que aguardaban.

A las seis y ocho minutos, el jefe de estación asomó vestido con su elegante uniforme y anunció a los pasajeros que, a causa de un accidente en la vía poco antes de llegar a Dover, el tren ese día ya no circularía. Les contó que un carro había sufrido un accidente en las vías y que la línea no podría despejarse a corto plazo. Seguramente las tareas bajo la luz de las linternas se prolongarían hasta bien entrada la noche.

Charlotte se quedó de pie, aturdida. Algunos pasajeros se limitaron a encogerse de hombros y abandonaron el edificio de la estación, mientras que otros miraban vacilantes a su alrededor. Posiblemente se sentían tan desconcertados como Charlotte." (El misterio de Chalk Hill, página 18).

.

"Si meses atrás alguien le hubiera dicho que buscaría un trabajo en el extranjero y que cruzaría sola el canal de la Mancha, no le habría creído. De hecho, el cambio de la pequeña aldea de Brandeburgo a Berlín ya había sido un paso enorme, pero desde luego no podía compararse con ese salto por encima de las aguas.

Charlotte pagó, se puso la chaqueta y se dirigió hacia la casa." (Ibid., página 22).

Desde las primeras páginas adiviné cuánto iba a disfrutar la lectura, las descripciones detalladas me hacían sentir las estancias, recorrer las texturas de los tejidos, la luz de las habitaciones y la belleza de los jardines.

"Wilkins giró y atravesó un portal situado en el lado derecho de la calle; la calesa entonces avanzó entre crujidos por el acceso, que estaba cubierto de guijarros. Charlotte estiró el cuello para contemplar la casa. Cuando esta asomó por detrás de los arbustos, se quedó sin habla.

Se trataba de una impresionante construcción de ladrillo rojo. El frontón de la casa estaba decorado con un entramado blanco y negro, y los ventanales inmensos sugerían unas estancias luminosas. Con todo, el detalle más cautivador era la torre circular que flanqueaba una esquina de la casa, y que recordaba un castillo. A la izquierda, junto a la mansión, había una cochera. Toda la casa estaba rodeada de árboles muy altos y su aspecto era encantador y muy inglés.

-Bienvenida a Chalk Hill, señorita.

Wilkins le retiró la manta y la ayudó a bajar. Mientras él se ocupaba del compartimento de las maletas, una mujer que llevaba un vestido muy tapado y de color negro abrió la puerta de la casa. Llevaba el pelo entrecano recogido severamente hacia atrás en un moño. No salió afuera; se quedó inmóvil en el umbral contemplando a Charlotte, que de pronto fue presa de una gran aprensión. La actitud de esa mujer revelaba cierto rechazo.

Charlotte inspiró profundamente. Si algo había aprendido en sus años como institutriz era que no debía mostrarse débil, ni ante los señores, ni ante los alumnos, ni tampoco ante el servicio. Toda señal de flaqueza se aprovechaba para atacar. Así de simple. La gente percibía esas cosas. Se enderezó y se acercó lentamente a la mujer.

Por fin esta dio un paso al frente e inclinó la cabeza de un modo apenas perceptible.

—Soy la señora Evans, el ama de llaves de sir Andrew. ¿Es usted la señorita Pauly?

Pronunció su nombre a la inglesa, «Poly», dejando oír una «o» larga; Charlotte se dijo que iba a tener que acostumbrarse a eso.

-Sí.

-Espero que, a pesar del retraso, haya tenido un buen viaje.

Se hizo a un lado para ceder el paso a Charlotte.

-Muchas gracias.

Charlotte contempló el vestíbulo, asombrada por el modo exquisito en que estaba decorado. La puerta de entrada tenía una ventana de cristales de colores; las baldosas del suelo eran blancas y negras y lucían perfectas. La barandilla de la amplia escalera que conducía al primer piso desde el lado izquierdo era de madera de roble brillante, pulida y de color marrón miel. Las paredes, tapizadas con tela roja, aportaban un ambiente cálido y acogedor, y el gran espejo de marco dorado hacía que la estancia pareciera aún más amplia. En ese mismo instante, el sol atravesó las nubes, se coló por el cristal de la puerta de entrada y proyectó un prisma de colores en el suelo. Charlotte se quedó muda ante la belleza de esta visión." (Ibid., pp. 39, 40 y 41).

.

"La señora Evans precedía a Charlotte en la escalera. Fue entonces cuando ella cayó en la cuenta de dónde estaba su dormitorio: se encontraba justamente en la hermosa torre del ala derecha de la casa, que tanto le había entusiasmado al verla desde fuera. La señora Evans abrió una puerta y dejó pasar a Charlotte. Esta inspiró profundamente y se giró sobre sí misma para admirar esa estancia tan impresionante. La sala era circular y las ventanas permitían que entrara mucha luz. El mobiliario estaba hecho a medida y se ajustaba a la perfección a las paredes curvas. La alfombra, aunque raída, presentaba un estampado bonito y en las paredes colgaban varias acuarelas de colores vivos que mostraban paisajes, posiblemente de lugares cercanos. La cama estaba cubierta con una colcha azul y junto a ella había un palanganero con una jarra, una jofaina de loza impecable y un toallero. Había también un pequeño secreter, provisto de un tintero y un montón de papel de escribir.

Sus dos maletas de color marrón oscuro parecían ajenas a esa habitación tan agradable y luminosa.

-Es una habitación muy bonita, señora Evans. Sin duda, aquí me voy a sentir muy cómoda.

La expresión del ama de llaves siguió siendo impasible.

-Desde aquí podrá llegar rápidamente a la sala de estudio y al dormitorio de la señorita Emily.

-Desde luego.

Volvió a echar un vistazo a su alrededor.

-Parece... muy habitada, como si alguien la hubiera decorado con mucho mimo.

-Fue la habitación de soltera de lady Ellen Clayworth. Ella se crió aquí. Era el hogar de sus padres." (Ibid., página 44).

Comienza entonces el entramado de misterio y silencio que habita en la mansión y que rodea a la pequeña Emily aquejada de recurrentes pesadillas en las que ve a su madre. Charlotte preocupada, comienza a preguntar bajo la cautela y discreción que implica su cargo en la educación de la niña. Todos le dicen que lady Ellen murió ahogada tras una brusca crecida del río en uno de sus paseos por el bosque. Sobre su muerte pende un halo de misterio pues se piensa que pudo haberse quitado la vida y eso sume en una inmensa tristeza al hogar que impone un severo silencio sobre ella y todo lo que pueda tener que ver con tan trágico suceso.

Las pesquisas se precipitan cuando empeora el estado de salud de Emily y es así que sir Andrew, su padre, recurre a Thomas Ashdow con quien contacta a través de la Sociedad Británica para la Investigación Psíquica.

Un giro inesperado, lleva a sir Andrew, a Emily y a Charlotte a Chester Square, una agradable vivienda que tienen cerca de Londres pensando en que un cambio de aires hará bien a la pequeña. Y es allí, cuando en una noche, ella grita de la forma más inesperada a la vez que desesperada, ha visto a su madre atar telas hechas jirones y subir a lo más alto de la torre...

Sin dilación, Tom y Charlotte regresan lo antes posible a Chalk Hill y lo que allí se encuentran es el funesto escenario en el que Ellen yace muerta...

Ahora sí descansa en paz, ahora sí está enterrada donde antes había un sepulcro vacío. Todo cobra sentido, una vida marcada por el dolor, los delirios y una condena perpetua que hizo enfermar a Emily siendo todavía pequeña porque esa era la única y mejor manera que tenía de demostrarle su amor.

.

El desenlace es fulminante, aterrador y con un mensaje que te hace pensar en lo osada que puede llegar a ser una mente sin límites...


Ha sido todo un descubrimiento para mí esta autora. En el epílogo nos cuenta cuáles han sido las fuentes que le han inspirado y entre ellas: Jane Eyre. Alusiones a Sherlock Holmes y a Mary Shelley... Las construcciones victorianas, el paseo por Londres, el salón de té... todo esto y mucho más me dicen que volveré a ella, que ya estoy deseando leer otra de sus novelas.

Comentarios


bottom of page