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𝘓𝘢𝘴 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴

Actualizado: 2 feb



  Autora: Heather Morris

Traducción: Amparo Gresa y Miguel Trujillo

(486 pp) – Espasa Libros, 2021

Título original: Three Sisters


Esta lectura cierra el círculo que tantas ganas tenía de conocer. Junto a ella, El tatuador de Auschwitz y El viaje de Cilka, he vivido de primera mano todo el horror y a la vez toda la esperanza y lucha de sus protagonistas. Con una maravillosa documentación, Heather Morris ha vuelto a lograr emocionarme, tenerme en vilo, retorcerme de impotencia, temblar con el frío, sentir el hambre... al tiempo que, estremecerme con la valentía y las ganas de sobrevivir a todo y a todos.



El padre de Cibi (de 7 años), Magda (de 5) y Livi (de tan sólo 3) debía someterse a una operación para extraerle una bala alojada en su cuerpo desde su lucha en la Primera Guerra Mundial. Unos días antes les hizo prometer a sus tres pequeñas que permanecerían juntas y siempre cuidarían las unas de las otras. Y así es que las tres hermanas hacen de ello todo su empeño de vida y lo que va más allá de ella: su afán de supervivencia al Holocausto.

No sobrevive a la operación. La señora Meller, Chaya, vivirá entonces junto a su padre, Yitzchach y las tres pequeñas. Se avecinan tiempos difíciles, están llevándose a jóvenes judíos, chicos y chicas, para trabajar para los alemanes. Estamos en la Eslovaquia de marzo de 1942, Magda lleva días con fiebre y el doctor Kisely le dice a Chaya que quiere ingresar a Magda en el hospital para protegerla. Livi es aún pequeña y Cibi está colaborando con un grupo de unos veinte jóvenes en una pequeña comunidad que los prepara para una nueva vida en la tierra prometida.


Pero... la vida de todos ellos toma un rumbo inesperado cuando la Guardia de la Hlinka viene a buscar a Livi. Cibi no la dejará y decide irse con ella para protegerla. Preparan sus equipajes y se despiden de su madre y su abuelo con la esperanza puesta en pronto regresar.

"Cibi se fija en las otras chicas, que llevan pequeñas maletas como las suyas y caminan en la misma dirección. Mira a las madres llorosas, que los padres consternados arrastran al interior de sus casas. Están viviendo una pesadilla. Algunas de las chicas van solas, y otras con sus hermanas o primas, pero ninguna cruza la calle para andar con sus amigas,. Por alguna razón tienen claro que deben hacer ese viaje solas." (Vid. pág. 43).


"La estación de tren se alza ante ellas: Cibi tenía razón. Recuerda el agradable viaje que hicieron el año pasado a Humenné para visitar a unos parientes. Ahora las empujan a través de la estación hacia el andén, y los guardias gritan mientras meten a las chicas en el tren que aguarda. Suben a , buscan asientos y colocan las maletas sobre su cabeza. Ya ninguna llora; están en silencio y cada una de esas jóvenes mujeres piensa en la familia que ha dejado atrás en el futuro desconocido que las espera." (Vid. pp. 52 y 53).


Las dos hermanas llegan a Auschwitz, las puertas del infierno. "-Sigue caminando, Livi. No te salgas de la fila -murmura Cibi a su hermana.

Nada más cruzar las puertas, conducen a las chicas por una calle bordeada de árboles en los que los primeros brotes de primavera se agitan con la brisa fresca. Emana calor de la potente iluminación superior, y a Cibi irónicamente le recuerda a una cálida noche de verano. Pasan por un edificio de hormigón gris y se encuentran con las miradas vacías de hombres y mujeres jóvenes que las observan con gesto inexpresivo desde las ventanas.

(...) Al final las llevan al interior de un barracón de ladrillo rojo de dos plantas, donde se encuentran cara a cara con sus actuales ocupantes. Es una estancia enorme de techos altos, pero, por muy grande que sea, se queda pequeña para los cientos de personas que hay. 'Como mínimo mil', piensa Cibi." (Vid. pp. 63 y 64).


Las tatúan y comienzan a ser números que intentan sobrevivir a todo: el horror, el pánico, la maldad, el hambre y el frío. El tifus y la desesperación acompañarán a Cibi y a Livi llevándolas a extremos que jamás creyeron e incluso hasta las ganas de quitarse la vida.

Las dos se moverán entre Auschwitz y Bikernau, coincidirán con Lane y Gita, que aparecieron en el primero de los libros y también con Cilka.

Me cuesta mucho escribir sobre las sensaciones que he tenido. Creo que la primera parte y, especialmente la segunda, han sido lo más duro de las tres lecturas. En todos los libros viví el horror de los campos y el pánico de LA MARCHA DE LA MUERTE, pero aquí se me clavó muy adentro al igual que dentro de mí llevo ya para siempre los momentos de reencuentro con Magda cuando también es conducida como prisionera y logran así estar juntas de nuevo las tres. Me preguntaba una y otra vez cómo era posible sufrir tanto y cómo era posible que hubiese mentes tan despiadadas capaces de tan horrendos crímenes. Es que... aún ahora, cuanto más conozco, más descubro y más me sobrecojo ante lo que fue el mayor genocidio de la Historia.


La tercera parte del libro recoge la esperanza de un futuro, su vida en Israel, sus matrimonios y la llegada de sus hijos, nietos y bisnietos. Todo ello se funde en una luz blanca que ilumina las fotografías que acompañan al final y que son testimonio verídico de toda una lucha por LA VIDA.



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