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  • bajoinfinitasestrellas

Carcoma

Actualizado: 22 ago 2022


Autora: Layla Martínez

(138 pp) – Ed. Amor de Madre, 2021

Carcoma ha sido para mí una lectura inesperada, una sorpresa de esas que aparecen así... un buen día, sin más y se quedan en ti. Recomendada por muchos lectores, la tenía en mente y fue cuando, por casualidad entré con otra intención en mi querida LIBRERÍA MAR DE LETRAS y la estantería en la que estaba me llamó, deteniendo mi mirada en el color naranja que tanto me apasiona... Allí estaba, era el momento, el lugar...

Leerlo ha sido tan fácil... que apenas podía dejarlo. En un suspiro, sus páginas me contaron una historia que me acercó a mi tan admirado Realismo Mágico. Secretos ocultos tras las paredes, sombras que aparecen, venganzas que hielan el alma y santas a las que rezar porque siempre, siempre hablan.

Dos mujeres, la abuela y la nieta, van desenredando una madeja que encierra una historia que las une por y para siempre en una casa en la que la carcoma y las sombras, han marcado y siguen marcando un presente condicionado por un pasado de tragedia, secretos y sombras.

Comienza la novela con las palabras de la nieta que regresa a esa casa: "Cuando crucé el umbral, la casa se abalanzó sobre mí. Siempre pasa lo mismo con este montón de ladrillos y mugre, se lanza sobre cualquiera que atraviese la puerta y le retuerce las tripas hasta dejarle sin respiración. Mi madre decía que esta casa hace que se te caigan los dientes y se te sequen las entrañas, pero mi madre se fue de aquí hace mucho y yo no me acuerdo de ella. Sé que decía eso porque me lo ha contado mi abuela, aunque no hubiese hecho falta porque ya lo sé. Aquí se te caen los dientes y el pelo y las carnes y a la que te descuidas te andas arrastrando de un lado para otro o te echas en la cama y no te levantas más." (Vid. pág. 9).

Regresa a la casa tras algo ocurrido, que iremos descubriendo a medida que avanza el argumento. Al llegar, no encontraba a su abuela. Quizá inquietantes, estas primeras páginas ya nos ponen en sobrevino de lo extraño del lugar, del ambiente, de esas paredes tan llenas de secretos y misterios y del comportamiento de ambas, de su relación y del peso frío de lo que ha sido un hogar que atrapa.

"Bajé a por la mochila y subí de nuevo las escaleras. Aparte de las escaleras de la cámara, en el piso de arriba solo hay una habitación que comparto con la vieja. Dejé la mochila sobre mi cama, la pequeña. Antes había sido de mi madre y antes de mi abuela. En esta casa no se hereda dinero ni anillos de oro ni sábanas bordadas con las iniciales, aquí lo que nos dejan los muertos son las camas y el resentimiento. La mala sangre y un sitio para echarte la noche, eso es lo único que puedes heredar en esta casa." (Vid. pp. 10 y 11).

Cuando leí esas palabras... ya el libro me había atrapado por completo. Aunque temerosa de la temática y más aún de la manera de contar lo que cuenta... algo me decía que continuase, tenía que conocer la verdad de lo que esa casa ocultaba.

"Oí una voz que me llamaba y volví adentro. La atmósfera se había hecho más pesada, la casa contenía el aliento. Fui al comedor, pero la vieja dormía en la banca con la boca cubierta y el rosario en la mano. Volví a escuchar la voz, esta vez en el piso de arriba. Subí corriendo las escaleras, pero sólo pude ver cómo se cerraba la puerta del armario. No iba a caer en la trampa. Puse una silla delante y atranqué la puerta del mueble. Me giré para salir, pero antes de llegar al pasillo empezaron los golpes. Al principio eran débiles, después subieron de intensidad. Llamaban desde dentro, cada vez con más fuerza. Después empezaron los arañazos y las sacudidas y la puerta del armario comenzó a astillarse. La madera se rompía con cada golpe. Del interior del mueble salía un llanto como de niño que reconocí enseguida porque lo había oído cientos de veces. Me acerqué hasta la puerta. En ese momento la silla cayó al suelo y el armario se abrió. La casa entera se contrajo alrededor de la habitación, expectante." (Vid. pág. 17).


Sabemos entonces que el niño que cuidaba la nieta desapareció sin más porque, según dijo ella, se le había quedado la puerta abierta. Y es ese desgarro el que se manifiesta una y otra vez, mientras ambas nos van revelando todo lo ocurrido en el pasado como un camino que es necesario recorrer para llegar a entender el presente.

"La vieja me puso la mano en el brazo y a mí se me vino al cuerpo todo lo que había pasado en los últimos meses. La detención el interrogatorio las lágrimas de la madre las ruedas de prensa el niño el niño el niño. Dije me dejé la puerta abierta y el niño salió solo dije se me había olvidado cerrarla después de sacar la basura dije llevaba mas de doce horas trabajando dije fue solo un momento de descuido pero cuando me di cuenta ya había desaparecido. Se me volvió todo otra vez. Las cámaras de seguridad que habían grabado al niño saliendo solo los tertulianos que decían que dos desapariciones en la misma familia no podían ser coincidencia los vecinos que decían que era un poco retrasada un poco corta o al menos un poco vaga porque no había estudiado no había trabajado hasta que los Jarabo me habían contratado por hacerle un favor a mi abuela que los había servido hasta que se casó." (Vid. pp. 26 y 27).

Tremendo párrafo lleno de fuerza y carente en su totalidad de comas, lo cual le confiere un ritmo trepidante, angustioso, ausente de pausas...

Habla la abuela: "Cuando la detuvieron, a la guardia civil le contó las mismas mentiras que os ha contado a vosotros. Toda esa historia de que el niño salió solo a la calle y nadie lo volvió a ver. No creáis nada de lo que acaba de decir. Pone la cara esa de no haber roto un plato y todos los idiotas se creen lo que cuenta. Hacedme caso a mí que yo sé lo que tiene dentro, ya os lo he dicho. Sé lo que tiene dentro la gente. Yo lo veo, y lo que no veo me lo cuentan los santos cuando se me llevan. Sé cuándo mienten, cuándo desean lo que no deben, cuándo tienen envidia y celos hasta de sus hijos y sus hermanos. Les veo las sombras que llevan dentro.

También veo las sombras aquí. Las veo arrastrarse por las escaleras y los pasillos, reptar por el techo, acechar detrás de las puertas. La casa está llenita de ellas. A algunas las hemos visto llegar desde el pueblo y desde el monte, pero otras están aquí desde que se construyó la casa. Se mezclaron con la argamasa de los ladrillos y con la cal de las paredes. Están en los cimientos y en las tejas, en los suelos y las vigas. Mantuvieron la casa a salvo durante tres años de guerra y cuarenta de posguerra, cuando todo se convirtió en hambre y polvo y era imposible distinguir a los muertos de los vivos. " (Vid. pp. 30 y 31).


En la casa las mujeres enviudan pronto. la muerte ronda cerca y las sombras se quedan para siempre.

"Mi bisabuela (cuenta la nieta) murió porque se la comió enterita el odio, igual que a su marido. Él acabó emparedado en la casa que había construido para encerrarla a ella y ella consumida por la envidia que le tenía a su propia hija. Se murieron los dos de puro asco de puro desprecio de pura mala sangre. Ella hizo bien en dejarle detrás de aquella pared hasta que solo fue una cracracra con la cuchara en el ladrillo pero ese cracracra se le metió en la cabeza porque en esta casa todo se mete ahí dentro y te escarba y te escarba y te escarba." (Vid. pág. 97).

Rencillas entre familias y el dolor secreto de los que se han ido. Todos rehuían de ellas. "Pero nos detestan igual a todos nos tienen el mismo asco a todos y ese asco se nos mete dentro y nos envenena y lo llevamos tan hondo que al final pensamos que es nuestro pero no lo es. Y entonces me dormí y al despertar tenía una carcoma dentro que no sé si las sombras me la metieron entre susurros por la noche o me vino a mí sola a la cabeza pero eso no importa porque igual supe que esa carcoma tenía que sacarla y que todavía no podía despedirme del trabajo que quedaba por hacer." (Vid. pp. 105 y 106).


No quisiera que estas líneas apagasen las ganas de que lo leas pues es realmente una lectura maravillosa y, al menos para mí, llena de fuerza en tan pocas páginas que tardaré mucho en olvidar la carcoma, las sombras y lo que esa casa esconde tras los ladrillos.

"Puso la linterna en el hueco del ladrillo y acercó la cara a la pared. Movió la luz de un lado para otro hasta que lo vio. Supe que lo había visto porque se sobresaltó pero luego juntó la cara todavía más. El cabello húmedo por el sudor se pegó al yeso. Recorrió las tres figuras con el haz de la linterna. La más grande seguía apoyada en el mismo sitio de siempre, con la boca abierta y las cuencas de los ojos vacías. A su lado había otra, también de un hombre. Se notaba que llevaba allí mucho tiempo, la casa todavía no la había consumido del todo. La tercera apenas medía un metro. Estaba recostada contra el muro, con las piernas estiradas y las manos tendidas a lo largo del cuerpo. Tenía los ojos cerrados.

Mi nieta se apartó de la pared y colocó de nuevo el ladrillo en su sitio. Apagó la linterna y se levantó del suelo. se sacudió el polvo de los pantalones del pijama y el yeso del pelo. La casa se había quedado em silencio, solo se escuchaba a los gatos en el patio trasero. Cuando hacía calor no dormían dentro. Empujamos el armario hasta colocarlo otra vez en su lugar. Después nos metimos cada una en su cama y apagué la luz de la mesilla." (Vid. pp. 137 y 138).

Estas páginas finales me impresionaron tanto que, tuve que cerrar por unos instantes el libro pues estaba viendo con horror los tres cuerpos, sabiendo así toda la verdad en tan sólo un párrafo.

Empezando con las primeras líneas y terminando con las últimas... te dejo la inquietud, si así lo deseas, de descubrir todo lo que allí ocurrió. No te dejaría indiferente.






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