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Cuando nada vale nada


Autor: Pedro Santiago López Caamaño

(464 pp) – Ed. Autobiografía, 2022

(Fotografía fondo de portada: Alfonso Maseda Varela)


Mi corazonada no se equivocaba, desde el primer instante en que vi este libro en la cuenta de Instagram de su autor, supe que quería leerlo. Unos días atrás, escribía que en su perfil @el_arte_escrito, unas palabras en concreto fueron como un impulso, una llamada: todo el entusiasmo y la ilusión de éste, su primer libro, se condensaron en ellas y llegaron hacia mí como un fogonazo... algo que ves y sientes con tal claridad que todo el universo conspira para que así sea y, tras preguntarle a él cuándo llegaría a las librerías, tuve la fortuna de que en breve estuviese en Mar de Letras ¡qué más pedir! ¿Acaso eran necesarias más señales?

"Brais y Amaro se conocían prácticamente de toda la vida desde hacía treinta y dos primaveras. Fueron compañeros de clase en el colegio público del pueblo en el que crecieron. Ambos procedían de familia trabajadora de clase media, típica de pequeños núcleos urbanos del interior de Galicia. Crecieron y la vida los fue llevando por caminos diferentes, pero nunca perdieron el vínculo, ni mucho menos la amistad. " (Vid. pág. 12). Son a ellos a quienes conocemos primero: Brais trabajaba en una empresa de carpintería y Amaro, había aprobado la oposición a bombero. Ambos disfrutaban de unas cervezas en una calle que para los coruñeses es muy conocida (la calle Torreiro) y de un local, La bombilla, famoso de toda la vida y tremendamente concurrido a cualquier hora del día. Este detalle es sin duda, algo que me ha acercado profundamente a la novela permitiéndome reconocer rincones, barrios, calles, el hospital... aunque no haya nacido en la ciudad herculina. Con dolor profundo, retomaron el tema de Iago, su gran amigo. Siempre leal, había sufrido tanto... la pérdida de sus padres y la pérdida de su pequeño que le llevó inevitablemente a la separación de Andrea y ahora... además, el fatídico accidente tras caerse de un aerogenerador. Una tragedia que le dejó sin un brazo además de innumerables secuelas; las incurables, sin duda... las psicológicas que le llevarían a replantearse por completo su vida hasta el momento y su existencia futura durante los duros meses hospitalizado.

Los dos lo habían planeado todo para bajar al sur y traerlo de nuevo a su tierra cuando le diesen el alta. Unidos siempre. Ya en Coruña, Iago tendría que ponerse en manos del hospital para acudir a rehabilitación y fue el día en que estaba entregando los papeles cuando se cruzó con Iria, la novia de Amaro que trabajaba allí como enfermera. Los dos se fundieron en un cálido abrazo y compartieron un café además de confesiones y amistad. Ella le habló entonces de lo mal que estaba su relación con Amaro y todo lo que les estaba afectando a los dos el acoso del que ella estaba siendo víctima por parte de un médico compañero del hospital. "En ese mismo instante, Iago tomó una firme e inamovible decisión: durante lo poco que le quedaba la vida, se emplearía a fondo para conseguir que ese monstruo no gozase durante mucho más tiempo del privilegio de respirar. " (Vid. pág. 122).

Decidido a planear su fin, Iago buscó información sobre él y es así que conocemos la carrera del prestigioso neurocirujano Carlos Méndez al tiempo que vamos descubriendo su debilidad por las mujeres aún estando casado. Siempre salía airoso de sus acosos y persecuciones, incluso lo logró tras lo sucedido con la enfermera del hospital de Santiago en el que antes trabajaba. Su deseo de continuar con su esposa Nicolle, le llevó entonces a tomar la decisión de alejarse de Suevia que es como se llamaba la joven (que por cierto, compartía una increíble belleza con Iria) y aceptar el puesto en el CHUAC.


Uno de los giros inesperados nos anuncia en este punto, el hallazgo del cuerpo sin vida del doctor en un acantilado, bajo el hospital. Justo en el lugar en el que él solía asomarse a fumar un cigarrillo a diario, cuando terminaba su turno. La inspectora jefa del grupo de homicidios de la Brigada Provincial de la Policía Judicial, Basauri, de 36 años y su equipo, se hacen cargo de la investigación y todo comienza a precipitarse para cada unos de los personajes. Esto sin duda me hizo querer leer y leer como si no hubiera un mañana pues... quien yo creía culpable...

María, la novia de Brais, forense de profesión fue quien lo avisó cuando le llevaron el cadáver para la autopsia y éste a su vez quien se lo dijo a los demás. En el bolsillo del doctor había una nota con la letra de una canción "Lucha de gigantes" de Antonio Vega, las huellas en la misma no estaban fichadas aún.

Brais queda con Amaro, tenía que decírselo pues, días atrás éste se había enfrentado al doctor cuando fue a recoger a Iria a la salida del turno. Desde aquel día las cosas entre los dos no estaban bien, a él no le había gustado que ella no tomase partido, que no se posicionase a su lado... Y la actitud del doctor, lo único que hacía era tensar más su relación y sus nervios.

Basauri, por instinto, decidió ir a Santiago al funeral del doctor, pero antes se pasó por la calle del Franco y entró en el Bar Stella. ¡Qué recuerdos para ella y qué recuerdos para mí! Imposible enumerarlos aquí... menuda sorpresa y una coincidencia más pues fue el bar de nuestros amigos de toda la vida: mis padres y ellos, compadres y nosotros... hermanos. Hay coincidencias, señales tan inexplicables... he tenido que dejar de leer para compartir este dato, para revivir con alegría muchos momentos que allí recuerdo, para acordarme de las bromas de Paco, para reencontrarme con un pasado feliz en el que todos estábamos... Allí, en el bar, Basauri escuchó por primera vez hablar de Suevia y lo que había sufrido con el doctor.


Recapitulando pruebas y el visionado de la cámara. Saben que hubo una persona en el lugar, pero no pueden identificarla, toda de negro, con capucha y mascarilla. Además... en el lugar en el que apareció el cuerpo, encontraron un pendiente de aro de madera que debía llevar poco tiempo allí pues el viento se lo hubiera llevado. Muchos hilos y pocas conclusiones. En el domicilio del doctor y su esposa, ella con dolor, les habló de Suevia y de la relación entre ella y su recientemente fallecido marido. Suevia... la misma chica de la que había oído hablar en el Stella.

Había que hablar con ella y también con Iria. ¡Qué asombroso el parecido físico entre ambas!


Amaro no podía soportar más la situación y cogió el coche al salir del trabajo, condujo para ir a ver a su abuela. Siempre volvía a ella cuando la necesitaba y, aunque ella ya no lo reconocía... verla lo reconfortaba. Al regresar... se salió de la carretera. Todo continuaba precipitándose. En ese momento Iria se antojaba sospechosa, a él se lo llevaban al hospital, Iago trataba de arreglar todo siguiendo meticulosamente su plan y Brais sufría el vértigo que todo lo estaba arrasando. Tras los fallidos intentos de este último por hablar con Iago y decirle lo ocurrido, pudo por fin Iria hablar con él y en respuesta, Iago le dijo que no se preocupase, sabía que era completamente inocente pues él... cuando iba a ejecutar su plan... vio que el doctor yacía ya contra las rocas. Allí sólo se había cruzado con otra persona que se le había delantado y no era ella.


Cuando Leiva y Basauri fueron a casa de Iria y Amaro para hablar con Iria, Basauri observó con rapidez y audacia cientos de detalles; las fotos de ellos en viajes y también una en la que salían los amigos que el día anterior había visto en el hospital (uno de ellos, tenía en la foto los dos brazos y los dos pendientes). Se fijó también en la inmensa colección de CDs y luego en la columna, mucho más pequeña que sólo tenía los de Antonio Vega y Nacha Pop. ¡Madre mía, otra coincidencia! Adoro desde siempre su música.

Allí, frente a ellos dos pruebas: el pendiente encontrado y la nota con la letra de la canción de Antonio Vega. Se la llevaron a comisaría como sospechosa y ella llamó a Iago. Él, dentro de su meticuloso y milimetrado plan, contrató al mejor abogado para que defendiese su inocencia y lo preparó todo para que lo inculpasen a él, para que él fuese el asesino y esto se supiese una vez que se hubiese quitado la vida. Así todo sería mejor, sus amigos continuarían y él habría hecho que su existencia mereciese la pena.

Todo... la herencia, la ubicación y las tres notas que dejó... Me cuesta escribir sobre este desenlace pues me hizo llorar. Me estremeció inmensamente la integridad de Iago, el valor infinito de la amistad y su delicadeza... Una de las notas que encontraron junto a su cuerpo era la letra de una canción que dejó para Iria. La misma que he puesto en la publicación de Instagram y la misma que me acompaña una y otra vez, siendo su letra la despedida más hermosa que él pudo hacerle ("¡Cuánto frío hace en Saturno!). Inevitable conmoverse y más si al escucharla lo veo a él, frente al mar, en la autocaravana...


Unas dos semanas después, Brais, María, Amaro e Iria llevaron las cenizas de su amigo a la Lagoa de Lucenza en O Courel. Allí habían vivido momentos inolvidables junto a él, aquel sería el lugar al que siempre volver. Increíbles estos capítulos finales e inesperada sorpresa cuando todo creía que había pasado ya... el epílogo desvela quién fue el verdadero asesino, quién acabó con la vida del odiado y odioso doctor. Pero esto... si me lo permites, no lo contaré. Es preciso que leas el libro, que te emociones, que odies y ames, que te conmuevas y sufras, que te abraces a Amaro, Iago y Brais... que disfrutes de una historia inolvidable tan llena de matices, de temas que duelen como el acoso y el suicidio y de temas que salvan como la amistad y el amor.

Siempre recomendaré esta lectura pues lo tiene todo. Cuando terminé el libro, cerré los ojos unos instantes y al abrirlos escribí a Pedro Santiago: "Lo he terminado y todavía sigo abrazándolo." Me puse de nuevo su banda sonora y le agradecí, le agradezco y le agradeceré que me haya hecho VIVIR TANTO a través de sus páginas.








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