Una luz en la tormenta
- bajoinfinitasestrellas

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Autora: Montserrat Astray
EDETA EDITORIAL, 2024 (446 páginas)
Leer una LUZ EN LA TORMENTA es vivir con el corazón en un puño desde el principio hasta el final, es sentir que un giro inesperado llegará en la siguiente página y es adentrarse de lleno en una historia de esas que te mantienen alerta deseando alguna pausa para coger aire y ansiando el desenlace final para poder descansar . Y si, a todo esto añadimos que su protagonista es fuerza y valor, es lucha y valentía... Ya solo me resta felicitar enormemente a su autora a la que, además, tengo el privilegio de conocer y la fortuna de haber acompañado en dos de sus presentaciones de la segunda de sus novelas.
En esta primera, Lia y su equipo se enfrentarán a un terrible virus que sobrevive en los metales, que nos hará viajar a su origen y que, desde Egipto, encontrará una respuesta no sin riesgos, víctimas, engaños y persecuciones.

"Esta historia se basa en una de esas mujeres que se dejan la piel cada día para mantener a sus hijos, esas luchadoras que no tienen ayuda de nadie, que empiezan el día corriendo y lo terminan de madrugada, agotadas, porque no llegan las horas del día para hacer lo necesario.
¿Qué pasa cuando llega final de mes y tienes que contar los euros que te quedan para comprar comida? Ellas consiguen estirar esos pocos céntimos hasta que llegue el próximo sueldo.
¿Qué ocurre cuando tus hijos te piden videojuegos, un móvil, ordenador, pero no lo puedes comprar? ¿Qué pena siente esa madre que no puede darle eso a su hijo? Tiene que explicar porque no puede ser, llorando por no ser capaz de más y como hacerle ver a un niño que no hay mayor regalo que el amor de un padre o una madre.
Esta novela también trata de las mujeres que lo dejan todo, se olvidan de su vida, su carrera, sus ilusiones, para dedicarse por entero a su marido y a sus hijos. Cuando te das cuenta ha pasado mucho tiempo y sientes que has perdido parte de tu vida.
También están las luchadoras que se rebelan contra el mundo, las que investigan, las que indagan, las que desean una vida mejor, un mundo mejor para sus hijos, para todos.
Las que son amigas, madres, hermanas, amantes, con las que puedes contar siempre pase lo que pase.
¿Y si todas esas mujeres pudieran ser solo una, es eso posible?, yo creo que sí. ¡Una vida da para mucho! (Una luz en la tormenta, página 9).
Lia se separa de Robert Madison y se encuentra sola y sin recursos con sus dos hijos: Luna de 4 años y Jonhatan, de diez. Por él había renunciado a todo y, ahora en Londres, apenas conseguía llegar a fin de mes empleada en dos trabajos, sin familia, aunque sí con tres vecinas que jamás la dejaron sola.
Un buen día, desde la oficina de empleo y tras haber sido animada por una mujer mayor a la que cuidó, se presenta a una entrevista para un puesto como investigadora, labor a la que ella renunció al casarse. Es allí cuando coincide con Erick, un antiguo compañero en la OMS.
Lia acepta su propuesta de volver a la sede en Ginebra y trabajar incansablemente en su pasión. La vida le cambia radicalmente, de una situación precaria, pasan a tener todos los lujos, personal a su servicio y guardaespaldas a alto nivel. Uno de ellos, Dorian, militar disciplinado, conquistará pronto su corazón.
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El desafortunado contagio de una de las doctoras, llevo a Lia a conocer en primera persona lo altamente peligroso y cruel de aquel virus.
"Me fui hacia la habitación sellada con una cristalera de protección absoluta. Me senté en el suelo con un cuaderno y una grabadora. Quería recabar todos los datos sobre el virus para entenderlo y comencé a estudiarlo.
«Paró de convulsionar tras tres horas, donde ha perdido todo el pelo, las uñas de manos y pies, su cuerpo está medio retorcido, su cabeza girada hacia el cristal, ojos abiertos, vidriosos. Boca desencajada, nariz descomponiéndose».
Me quedé mirándola. ¡Pobre mujer! Si sufría o no, ¿cómo saberlo?
—Las primeras horas, la doctora se conectó a aparatos para controlar la tensión arterial, se extrajo sangre que depositó en un tuvo sellado y metió en una cápsula de esterilización. Era una mujer valiente, sabía lo que ocurriría pero aun así hizo lo posible para darnos datos. Hizo incluso una descripción de lo que sentía, solo durante unas horas, después ya no pudo hablar". (Ibid., página 89).
Decidida a acabar con él, todo eran interrogantes y aquí es donde, todavía más, aumenta la tensión.
"-En África. Fue donde surgió, en una excavación, es posible que fuera un virus que existió en la antigüedad y quedó enterrado.
-¿Dónde exactamente? ¿En qué excavación? Erick me habló de casos en Nigeria, no me dijo nada de una excavación.
-Lo de Nigeria fue un brote debido a un error. El origen es en Egipto, en las ruinas de una pirámide descubierta recientemente. Era un gran hallazgo. Época de Seti I, o eso creen los arqueólogos Todos los obreros fallecieron, así como los arqueólogos. Lo describieron como una cripta cerrada donde descansaba un sarcófago, lo retiraron hacia el exterior de la cripta pero afortunadamente no lo sacaron fuera de la pirámide. La inscripción decía claramente que pertenecía al hijo del faraón. No dio tiempo a datarlo, no se sabe exactamente la época, solo se intuye pero no se pudieron hacer pruebas. El arqueólogo estaba tan emocionado con su hallazgo que olvidó las precauciones básicas ante estos casos y abrió el sarcófago. Murieron todos. Sabemos por las cámaras que el sarcófago fue cerrado nuevamente por uno de los expertos de la expedición antes de perder todas sus facultades. Desde fuera, y gracias a las cámaras, pudieron ver que todos fallecían, así que llamaron al ejército quien acordonó la zona y se comunicó al CDC y a la OMS. Por supuesto, también a la UNV, gobierno etc... Se decidió tapar la excavación, cubrir todo nuevamente. La zona sigue acordonada a día de hoy.
-Pero entonces está controlado. Se contuvo.
-No exactamente. Se habían sacado algunos objetos de dentro y esos objetos viajaron, así que hubo casos en el museo de El Cairo. Se determinó que los objetos podrían contener ese virus, con lo cual se sellaron en cajas herméticas para evitar la propagación. Desconozco cómo llegaron a Nigeria, donde imagino que la curiosidad pudo más, o eso es lo que supongo. Abrieron una de las cajas, tardó muy poco en expandirse. Murieron 200 personas. Luego los objetos fueron trasladados en un avión por los militares, hasta llegar a la sede de la OMS, en Ginebra. Se tomaron todas las medidas de seguridad, al principio creímos que se podrían examinar los objetos con trajes especiales, pero no funcionó. Cuatro epidemiólogos se contagiaron y murieron, vimos como sucedía al igual que con Smith ahora. Los virólogos contagiados sellaron las muestras mientras pudieron, y las introdujeron en cámaras altamente protegidas para evitar la propagación, cosa que consiguieron. La OMS se dedica a estudiar los virus, así que extrajimos una muestra de uno de los objetos con un brazo articulado, sin contacto humano. Se llevó al microscopio y lo que allí vimos fue..., en fin, ¡jamás vi tal cosa! Lo destruía todo, incluso la plaqueta de muestras. La deformó por completo. Decidimos calcinarlo, sin saber si eso lo pararía, seguimos sin saberlo por completo. Ese ala está contenida. Luego lo volvimos a intentar de otra forma, nuevamente con el brazo articulado a distancia con robots. Ellos analizaron el virus en sí. La doctora Smith era la encargada de ese proyecto. Pero cometió un fallo humano. El robot se atascó y no respondía desde la distancia, así que se acercó un poco más pero no consiguió enderezarlo, decidió ponerse un traje protector y entrar en la primera barrera de contención. Hay tres barreras más por delante de ella, pero introdujo su brazo en uno de los manguitos para enderezar el robot manualmente y la pinza del robot se giró y pinchó el guante del manguito, permitiendo al virus penetrar por él hasta esa zona de contención. La doctora actuó rápidamente sellando el guante, selló su cámara, y mandó poner más barrerás de contención porque no sabía si se había expuesto o no. Cuando empezó a notar efectos y se dio cuenta de que sí estaba contagiada, empezó a tomar muestras de sangre y las introdujo en cámaras protectoras para analizarlas. Muestras de piel, de pelo, de saliva, para saber a qué nos enfrentamos. Se introdujo en la cámara principal hasta llegar al objeto, lo tocó, lo analizó y relató lo que vio." (Ibid., páginas 92 y 93).
"(...) « Soy la doctora Smith Acabo de contagiarme con un virus desconocido altamente mortal, procedente de una excavación en Egipto. Que sepamos, ha habido contagios en Egipto y en Nigeria. Desde la llegada de las objetos a la base no nos han notificado más casos ni en Egipto ni en Nigeria. Los objetos de la excavación que se retiraron, contienen el virus, creo que se trasmite por el aire y por contacto, es de transmisión rápida.
»Empiezo a notar los primeros síntomas, entumecimiento, escalofríos, dolor de cabeza intenso, alucinaciones, veo cosas, luces parpadeando, siento mareos, he vomitado varias veces. He perdido el control del esfínter, ya he puesto muestras de heces y sangre, tejido epitelial, pelo, saliva en las tomas de muestras. Intentaré relatar todo lo que voy sintiendo mientras me aguanten las fuerzas. Tengo mucho cansancio, voy a sentarme, empiezo a no ser yo misma, no controlo mis actos, siento como se apodera de mi cuerpo, muevo las extremidades no sé cómo, pero lo hago, es dueño de mi parte motora del cerebro, no así de la sensorial, entiendo lo que ocurre, pero no puedo pararlo. Pierdo facultades de control de mi cuerpo, creo que voy a desmayarme en cualquier momento»". (Ibid., página 94).
Con horror y dolor asistieron a su final y vieron conmovidos cómo derramaba lágrimas mientras agonizaba. El virus letal se había adueñado de su cuerpo, pero no anuló su sufrimiento y la consciencia de lo que estaba padeciendo.
Continuaba la carrera a contrarreloj y fue entonces cuando, tras las observaciones, Lia pensó que lo que debían hacer era simular un fallo cardíaco, algo que le hiciera creer al virus que aquel corazón no valía. Inventarían una vacuna y posteriormente el antídoto que revirtiese esa anomalía.
Esto sin duda, les permitió acercarse al virus, detallar su comportamiento, ver cómo entraba en ellos y salía por sus fosas nasales, por sus oídos... sin atacarlos. No quiero ni imaginar ese hormigueo que todo ellos detallaban como un picor al meterse en sus cuerpos. Realmente espeluznante.
Habían llegado a la conclusión de que el metal era lo que lo mantenía vivo y de que eran corazones sanos sus presas de caza. Decidida a saber más, Lia le riega al presidente poder ir a Egipto, a la zona cero. Y, muy a pesar de la preocupación de Dorian, logra hacerlo dejando bien claro que tomen responsabilidades de cara al robo de una de las cajas en las que el virus seguía vivo.
Ya instalada, nuevos compañeros: Rashí Salem (patólogo de la OMS en India), Takeshi (Japón) y Kristina Volkov (Rusia). Tensión y trabajo en equipo, hasta que Lia descubre que Kristina los está traicionando y trabaja para una mafia. Ya sin ella, continúa las investigaciones y los avances son abismales pues logran llegar al origen del objeto: un meteorito.
"-Sí, mira, restos de roca adheridos. Y en la zona del impacto, restos de roca. He tomado muestras de todo, para analizar. Roca, arena todo. Es lo que pensábamos, un meteorito chocó contra la Tierra, ahí está la prueba. Y esa roca, fuese como fuese, traía vida en su interior y al chocar se produjo esta formación y la vida dio paso a la vida, de ahí los otros objetos. Es alucinante, ¿os dais cuenta? Es parte de un meteorito y hay vida en él". (Ibid., página 285).
Con un ritmo frenético que no te permite desconectar de lo que ocurre y te crea la imperiosa necesidad de saber lo que vendrá, viajan a Karnak buscando el origen de todo y allí, nuevamente cuando todo parece que ha llegado a su fin y van a regresar, los tres científicos son atacados logrando sobrevivir y huir de la manera más heroica posible, aunque con un tiro en la pierna en el caso de Lia.

Aventura, tensión, traición, misterio y amor. ¿Acaso puedo pedir más a una novela que te atrapa haciéndote perder el aliento? Me ha entretenido inmensamente y me ha maravillado todo el entramado en torno a la labor minuciosa de quienes velan por nuestra salud a una escala que desconozco y me fascina: sus averiguaciones, los protocolos, el aislamiento, las medidas de seguridad... Y, además, unido a todo esto, el choque cultural de sus protagonistas, la fuerza de trabajar en equipo, la amistad, la valentía y el honor... Una mujer capaz de todo para defender a sus hijos, para velar por la humanidad. Una mujer que encuentra de nuevo el amor y que, con Dorian crean una maravillosa familia a la que llegarán dos gemelos para colmarles de alegría
Y mi soñado Egipto, lleno de misterios, que sueño algún día visitar.



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