Zapatos de lluvia
- bajoinfinitasestrellas

- 29 jul
- 4 min de lectura

Autora: Mayte Magdalena
(469 pp.) – Editorial Planeta, 2025
Hace más de quince días que terminé esta lectura y sigue clavada en lo más profundo de mi alma. No ha podido irse porque retengo con empeño a Paola, la sostengo con mi fuerza y ella me abraza con la suya.
Zapatos de lluvia cuenta su historia, la de una chica que deja su pueblo para trabajar en una casa en Madrid. Llena de sueños llega a un mundo que también le mostrará el ácido sabor de la envidia y la maldad. Un sinsabor del que brota un amor puro. Conoce a Adrián, se va con él, se casan y forman una familia. Mas todo se vuelve gris, oscuro, incierto, difícil y desmesuradamente cruel cuando estalla la guerra civil.
Con un estilo que me atrapó desde el primer instante, imposible era dejarlo sin avanzar una página más, un capítulo más. Con naturalidad y unos personajes sencillos a la vez que complejos, escenas, instantes, gestos, acciones que se meten muy adentro, te envuelven en ese Madrid anterior y posterior al 36. He conocido más ese tiempo, cómo todo cambia de repente, cómo en una familia podían estar representados ambos bandos. He sentido cómo una guerra desata lo peor que llevamos dentro y, aunque parezca contradictorio, también hace posible que aflore lo mejor.
Es una novela llena de valentía, de tesón, de lucha. De esa lucha que se libraba para conseguir comida, para encontrar un médico, para sobrevivir a la violencia que muestra sus caras más horribles.

Hay historias que no necesitan gritar para doler. Esta no busca el golpe fácil ni el drama de escaparate, de hecho temía que así fuera pues la había visto recomendada. La novela destila una tristeza serena, una verdad que se reconoce, una forma de mirar la vida cuando ya no queda más remedio que seguir caminando… aunque llueva.
En sus páginas hay pérdidas, cambios y decisiones que pesan. Pero también hay algo profundamente humano: la manera en que una persona se recompone cuando todo se ha movido por dentro. Y esa es Paola quien dejando atrás su inocencia y juventud, madura con la obligación que impone la necesidad de sacar adelante a sus hijos, una vez que Adrián parte al frente. Zapatos de lluvia habla de esos días en los que no puedes elegir, habla de aprender a vivir con lo que falta. Recuerdo ahora un momento en el que ella y su hija mayor han salido a por comida y ve como la pequeña niña encuentra una monda de naranja en el suelo y se sienta para comérsela (me partió. el corazón).
A veces la valentía no es empezar de cero, sino levantarte una vez más con lo que tienes. Ingeniárselas y llegar a lo que jamás pensó hacer por ellos, por un futuro... por la vida.
Y quizá por eso el título es tan perfecto: porque hay momentos en los que la vida no te ofrece sol, te ofrece lluvia. Y entonces necesitas otros zapatos. No para que deje de llover, sino para poder avanzar sin romperte. Me encanta el título. Ya casi al final de la novela, cuando Paola toma la decisión más difícil de su vida que es la de elegir cuál de sus hijos regresará con Manolo (su hermano) al pueblo buscando una oportunidad de no pasar hambre, de mirar hacia el camino... Ya en la despedida, cuando la pequeña Paola, la mediana de los tres, se aleja de la mano de su tío, estas palabras cobran todo el sentido del mundo:
"Se sentía cobarde por haber elegido entre sus hijos, por haber claudicado, por no haber luchado más, por no tener fuerzas para seguir , en varias ocasiones, estuvo a punto de echarse atrás, de gritar que volviera, de arrancar de la mano de su hermano la de su hija y correr hacia su hogar.
-¿Has visto alguna vez los zapatos de lluvia que hace mi mamá? -oyó que le decía la pequeña a Manolo.
-Serán zapatos para lluvia.
-No, no -reía Paola-, los llamamos zapatos de lluvia porque se hacen con paraguas. A mamá le quedan muy bonitos. ¿Tienes algún paraguas viejo?
-Aquí no.
-Pues cuando tengas uno te enseño a hacerlos, yo siempre miro cómo mamá, mi hermana y las tías los hacen y, aunque no me dejan ayudar porque dicen que soy pequeña, yo ya he aprendido...
Aquellas palabras fueron las últimas que Paola escuchó a su hija mientras se alejaba, asida fuertemente de la mano de su tío, que parecía un gigante a su lado". (Zapatos de lluvia, página 463).
Me han conmovido muchos momentos y en todos he sentido la fuerza de quien lucha por salir adelante, el calor de dos vecinas - Petra y Pili-dos hermanas que unidas a Paola, salen al horror, rebuscan en los escombros, se esconden en los bombardeos, hacen pucheros con lo poco que había y se sostienen unas a otras. Quizá esa sea la palabra que venga a mi alma cuando recuerde este libro: sostenerse. Y es que, cuando todo se tambalea, hasta los más acérrimos principios; cuando hay hambre y necesidad, cuando la soledad se vuelve fría y oscura... Ahí se sostuvieron, en esas noches, en el frío, en las madrugadas y en las barricadas.
Y Adrián no regresó, pero Paola lo sigue esperando.



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