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Agatha Raisin y el paseo mortal

Foto del escritor: bajoinfinitasestrellas
bajoinfinitasestrellas
hace 11 horas
4 min de lectura

Autora: M.C. Beaton

Traducción de Vicente Campos González - Título original: Agatha Raisin and the Walkers of Dembley

(237 pp.) – Ed. Penguin Random House 2024 (1994, primera edición)


Volver a Agatha y a Carsely empieza a ser como sentirme en mi hogar, en un lugar en el que desearía vivir, tener una casita preciosa con un jardín lleno de flores, miles de actividades y trato con vecinos que no siempre son de mi agrado, pero que juntos conforman ese entrañable paisaje de té caliente y conversaciones animadas... Y siempre con un caso que resolver, un misterio, un crimen, incógnitas que descifrar junto a Lacey, un amor platónico que, aunque inalcanzable, es siempre el mejor compañero.

Es una colección que me refugia y a la que siempre regresar...


Un grupo de excursionistas, los Paseantes de Dembley, dirigidos por la intrépida activista Jessica Tarnick, se enfrentan a los dueños de grandes propiedades y exigen poder caminar por ellas.

"Jessica resplandecía esa noche porque acababa de encontrar una nueva presa: un antiguo derecho de paso a través de las tierras de cultivo de un baronet, sir Charles Fraith. Ella misma había inspeccionado el terreno y le había escrito a sir Charles para decirles que pasarían por sus tierras al cabo de dos sábados y que no podía hacer nada para impedirlo". (Agatha Raisin y el paseo cruel, página 19).

Esa tensión que parece romper la calma del lugar, se ve acrecentada por la aparición del cadáver de Jessica unos días después y en extrañas circunstancias en ese campo de cultivo.

La tía de Deborah, una de las excursionistas, contacta con Agatha con el fin de que ella pueda esclarecer los hechos y dar con el culpable y más ahora que nunca pues su sobrina comienza a verse con el propietario de las tierras, tras un primer encuentro en el que ella lo vista en calidad de representante de los paseantes de Dembley.

Agatha y James Lacey, haciéndose pasar por matrimonio, se trasladan durante unos días a una casa que tiene Sir Charles, que además es conocido de Lacey. Llega otro crimen más y todo se precipita... La relación entre Deborah y sir Charles se estrecha al tiempo en que todos, incluidos ellos dos, parecen culpables... Mas el agudo instinto de Agatha y las pesquisas de ambos, cierran el círculo y... atando cabos, logra dar con la perturbada asesina...

"Deborah cerró los grifos de la bañera y bajó la mirada hacia sir Charles Fraith, que yacía inconsciente en el suelo de su cuarto de baño. El aire olía a rosas.

Se sentó en una silla mirando al frente. Tanto esfuerzo para nada, pensó sombríamente. Y aun así su mente permanecía bastante fría y serena. Sabía lo que tenía que hacer.

Se vistió con esmero y luego se paseó por la casa limpiando todas las superficies que pudiera haber tocado, frotándolas bien, aguzando los oídos por si se aproximaba algún coche. Luego agarró a sir Charles por los tobillos y lo arrastró fuera del baño y del dormitorio; siguió despacio por el pasillo y, bum, bum, bum, escaleras abajo; después lo deslizó con facilidad por el suelo pulido del vestíbulo y por el pasillo que había al fondo y, bum, bum, bajó los dos peldaños hasta la cocina.

Mientras ponía orden en su mente se puso a recoger los restos de la comida y a limpiar la cocina.

Gustav le diría a la policía que sir Charles la había invitado a comer. Pero Deborah había sido increíblemente afortunada hasta ahora. Era la palabra de Gustav contra la suya. Lo único que tendría que hacer era mantenerse fiel a su versión. Acercó a sir Charles al horno y encendió el gas. Frunció el ceño. ¿No decían que el gas del mar del Norte no funcionaba tan bien como el antiguo gas de carbón? Tal vez se estaba preocupando demasiado. Levantó la cabeza de sir Charles y la metió en el horno, luego miró a su alrededor.

Cogió dos paños de cocina y varios trapos. Salió, cerró la puerta de la cocina a sus espaldas y metió los paños y trapos en la rendija inferior de la puerta.

Fue al estudio de sir Charles, donde recordaba haber visto una máquina de escribir. Lo único que tenía que hacer era buscar algunos documentos firmados por él y falsificar la firma en una nota de suicidio mecanografiada, en la que también confesaría los asesinatos de Jeffrey y de Jessica. Pero un calígrafo experto sin duda descubriría que la firma era falsa.

Bueno, pensó suspirando, entonces tendría que dejar la nota sin firmar. Era una lástima que existieran calígrafos: si no fuera por ellos hasta habría podido redactar un testamento en el que sir Charles se lo dejara todo a ella.

Por un instante se le llenaron los ojos de lágrimas. Todos sus sueños perdidos. Se había imaginado celebrando fiestas y cócteles al aire libre en Barfield; ella llevaría un amplio sombrero de paja y saludaría a los invitados, tal vez incluso podría dar el discurso de bienvenida. Parpadeó para quitarse las lágrimas de los ojos. Se sentó a la mesa de sir Charles y empezó a teclear". (Ibid., páginas 185 y 186).

Con Deborah por fin entre rejas y Agatha y james de nuevo en casa, un nuevo giro me atrapa ya al final de todo: la inesperada petición de boda de Lacey. Así me quedé... Lógicamente este libro debía haberlo leído antes que Agatha Raisin y la boda sangrienta, pero no hay ningún problema. Ambos los he vivido ya...

Si quisiera apuntar como observación que, aunque me ha gustado este último y muy en especial el desenlace, he apreciado expresiones y términos que no me parecían muy en consonancia con las novelas anteriores. Mas quizá sea algo sutil que no deja de ser una percepción personal, pues el traductor es el mismo. No sé, es como si sintiese que no eran propios de esta escritora por lo observado en las anteriores lecturas...


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