top of page

Agatha Raisin y la boda sangrienta

Foto del escritor: bajoinfinitasestrellas
bajoinfinitasestrellas
hace 4 horas
4 min de lectura

Autora: M.C. Beaton

Traducción de Vicente Campos González - Título original: Agatha Raisin and the Murderous Marriage

(237 pp.) – Ed. Penguin Random House Grupo Editorial 2023 (1996, primera edición)

Regresar a la colección de Agatha Raisin es como recibir una bocanada de aire fresco, como esa luz dorada del atardecer sobre las flores de un jardín... y respirar la fragancia de sus flores pensando que vivo en una bonita casa en los Costwolds y ella es mi vecina.

Esta es la cuarta de las novelas de M.C. Beaton y con todas he vivido profundamente el misterio, la intriga, el ambiente encantador del pueblo, la curiosidad desmesurada de algunos de sus vecinos, el amor platónico de Agatha y ante todo, su arrolladora personalidad llena de fuerza, de naturalidad y con esos toques tan propios de humor.

Agatha está a punto de cumplir su mayor sueño: casarse con su atractivo e idílico vecino, James Lacey. Pero... justo cuando se encuentra en el altar a punto de dar el "sí, quiero", irrumpe en la iglesia Jimmy Raisin, su exmarido y al que Agatha daba por muerto. Amenaza con arruinar su boda revelando que nunca se divorciaron legalmente. La ceremonia se suspende al instante en medio del escándalo y el enojo de James.

"El registrador no llegó a declarar a James y Agatha marido y mujer. Oyeron un alboroto en el fondo de sala y luego una voz que gritaba:

—¡Alto!

Agatha se dio la vuelta despacio. Vio a Fred Griggs, pero venía con un hombre que no conocía. Aunque Jimmy ya era alcohólico cuando ella lo dejó muchos años atrás, había sido un tipo guapo con un pelo negro tupido y rizado. El hombre que acompañaba a Fred tenía el cabello grisáceo y grasiento, la cara hinchada con una nariz dilatada y los hombros finos encorvados.

A decir verdad, se le veía tan frágil que parecía incapaz de cargar con el peso de la inmensa barriga que le colgaba por encima de los pantalones.

Fred se acercó rápidamente a ella. Había pensado llevarla aparte y darle la noticia con tacto, pero la cara de Agatha, una máscara horrorizada, le desconcertó, y soltó delante de todos:

—Su marido está aquí, Agatha. Este es Jimmy Raisin.

Agatha miró a su alrededor con perplejidad.

-Está muerto. Jimmy está muerto. ¿De qué está hablando, Fred?

-Soy yo, Aggie, tu marido —dijo Jimmy. Agitó el certificado de matrimonio delante de sus narices.

Agatha se percató de la conmoción y rigidez de James Lacey a su lado.

Ella miró de nuevo a Jimmy Raisin y reconoció, bajo los estragos de los años, cierto parecido con el marido que había conocido en el pasado.

—¿Cómo me has encontrado? —preguntó con un hilillo de voz.

Jimmy se dio la vuelta.

—Él — dijo señalando con el pulgar hacia Roy. -Se presentó en la caja de cartón donde vivía y me lo dijo.

A Roy se le escapó un chillido de pánico, se dio la vuelta y echó a correr". (Agatha Raisin y la boda sangrienta, páginas 24 y 25).


Al día siguiente, decidida a aclarar todo y deshacerse de su exesposo para solucionar la situación, Agatha sale a buscarlo, pero lo encuentra muerto en una zanja: Jimmy ha sido asesinado. Con la policía sospechando directamente de Agatha y de su prometido deshonrado, ella y James deben dejar de lado sus diferencias románticas y unirse una vez más para investigar el crimen, limpiar sus nombres y descubrir al verdadero culpable entre una red de secretos del pasado.

Muere a continuación Sir Desmond Derrington y otro cadáver más... Todo apuntaba a la clínica de rehabilitación en la que todos habían estado. Aumenta a dosis galopantes el misterio que se agudiza con la llegada de la nueva propietaria a la casa de Agatha que, pensando en su matrimonio había vendido unos días antes. Con un carácter muy desagradable la señora Hardy va enredándose en sus vidas hasta el terrible desenlace que paso un poquito por e aire para que tengas la fortuna de desmenuzarlo tú si decides leer la novela.


"Y mientras miraba la fotografía más de cerca, recordó que alguien le había contado algo de que la tal Gore-Appleton había llevado a Jimmy al sur de Francia.

La cara le resultaba familiar. Aquellos ojos con la mirada burlona, aquella boca dura.

Cerró lentamente el cajón y se quedó agarrada al mármol de la cocina. Qué tontos habían sido. Era tan terriblemente sencillo. La señora Hardy era la señora Gore-Appleton. Debió de ser ella la que reconoció a la señorita Purvey en el cine aquel día, aunque había dicho que iba a Londres. Cuando la mercenaria Helen Warwick fue a visitar a James por alguna razón, había visto a la señora Gore-Appleton y la había reconocido. Debieron de hablar.

La señora Gore-Appleton había cambiado tanto de aspecto que Helen podría haber dicho algo como: «¿No es usted aquella mujer que conocí en la clínica?» Algo por el estilo. Entonces, ¿habría intentado sobornarla la señora Gore-Appleton? ¿Acaso le dijo que iría a verla a Londres? ¿Le preguntó por su dirección? Ese tipo de cosas. Y Helen podría habérselo tragado, con la esperanza de sacar algún dinero". (Ibid., página 227).

.

Todos los ingredientes que necesitas para disfrutar del ambiente que crea M.C. Beaton en cada una de sus novelas. Todas ellas con un ritmo impecable. El contraste entre la idílica y pintoresca campiña de los Cotswolds y el enredo criminal del enlace nupcial presenta el escenario perfecto para un enredo lleno de giros inesperados.


Comentarios


bottom of page