La antigua magia


Autora: Lisa Kleypas
Traducción de Ersi Samara - Título original: Again the Magic
(334 pp.) – Ed. Penguin Random House 2021 (2004, primera edición)
Hay novelas que se leen y se disfrutan, y hay otras que, de alguna manera, se quedan viviendo contigo durante un tiempo. La antigua magia, de Lisa Kleypas, pertenece a ese segundo grupo. Quizá por ser la primera que leo de la autora o tal vez porque su estilo cercano y su envolvente ambientación me han llevado a un lugar y una época que adoro: Hampshire, 1832.
Siendo independiente, se presenta como precuela de la serie Wallflowers.
La historia nos lleva a encontrarnos con Lady Aline Marsden y McKenna, dos personas separadas por las diferencias sociales y por unas circunstancias que parecen haberles robado cualquier posibilidad de estar juntos.
"La visión de su dolor y su estupor pareció calmar un tanto al conde. Soltó un largo suspiro, se dirigió a su silla y se sentó con altiva elegancia. La buscó con su refulgente mirada negra.
-El chico se habrá ido de la finca antes de la mañana. Y tú te asegurarás de que jamás se atreverá a acercársete de nuevo. Porque si lo hace yo lo sabré... y emplearé todos los medios a mi alcance para destruirlo. Tú sabes que tengo el poder y la voluntad para hacerlo. Vaya donde vaya, lo perseguiré y lo cazaré. Y será un grandísimo placer asegurarme de que se vida llegue a un fin terrible y atormentado. No se merece menos por deshonrar a la hija de un Mardsen.
Nunca antes había comprendido Aline que era un objeto de la propiedad de su padre, que sus sentimientos nada significaban para él". (La antigua magia, página 43).
Años después, el pasado vuelve a llamar a la puerta y ambos tendrán que enfrentarse a lo que sintieron, a lo que perdieron y a todo aquello que aún permanece entre ellos.
"Aline cerró los ojos al sonido de aquella palabra, que tiraba suavemente de una esquina de su alma hundida. Era su voz..., más rica y más profunda ahora, la voz de un hombre, no de un muchacho. Aunque percibió el sonido de sus pasos que se acercaban aplastando la hierba de la orilla, se negó a mirarle. Sólo seguir respirando le suponía un gran acopio de fuerzas. La paralizaba un sentimiento parecido al miedo, una especie de calor que la incapacitaba y que se expandía por su cuerpo con cada frenético latido de su corazón.
El sonido de aquella voz parecía abrir caminos de emoción en su interior.
—Si piensas tirarlo al río, quisiera recuperarlo.
Al intentar relajar la mano que agarraba el pañuelo, Aline lo vio caérsele de entre los dedos. Lentamente, se obligó a volver la cabeza para mirarlo mientras se acercaba. El hombre de cabello negro que había visto en el patio era, realmente, McKenna. Y era más corpulento y más imponente de lo que había parecido desde la distancia. Sus facciones eran regias y contundentes, la nariz soberbia de puente ancho ocupaba con perfecta simetría el lugar entre los planos bien delineados de sus pómulos. Era demasiado varonil para considerarle realmente apuesto... Un escultor habría preferido suavizar aquellas facciones intransigentes. El rostro tenaz, sin embargo, constituía de algún modo un fondo inmejorable para los ojos apasionados, cuya mirada azul verdosa relampagueaba en la sombra de las negras y tupidas
pestañas. Nadie más en el mundo tenía unos ojos como aquellos.
-McKenna -dijo con voz ronca, mientras intentaba encontrarle algún parecido con aquel chico desgarbado y falto de amor al que conociera. No pudo; McKenna era un extraño, un hombre sin restos de la adolescencia. Suave, elegante en su traje a medida, el lustroso cabello con un corte en capas que contrarrestaba su tendencia natural a rizarse. Cuando estuvo cerca, ella advirtió más detalles: la sombra de barba en su afeitada mejilla, el brillo de la cadena de oro del reloj en el chaleco, el volumen de sus músculos en sus hombros y muslos cuando se sentó en una piedra cerca de ella.
-No esperaba encontrarte aquí —murmuró él, sin dejar de mirarla—. Quería echarle un vistazo al río. Hacía mucho tiempo que no lo veía.
Su acento era extraño, suave y arrastrado, con vocales añadidas, innecesarias.
-Hablas como un norteamericano —susurró Aline y deseó que su garganta se relajase.
-He vivido mucho tiempo en Nueva York.
-Te fuiste sin decir palabra. Yo... —se detuvo, apenas capaz de respirar— estuve preocupada por ti.
-¿De veras? —McKenna sonrió ligeramente, pero su expresión permaneció fría—. Tuve que dejar Bristol de forma inesperada. El armador que me tomó como aprendiz resultó tener la mano un poco larga. Después de una paliza que me dejó con varias costillas rotas y el cráneo magullado, decidí marcharme y empezar una nueva vida en otro lugar.
-Lo siento —murmuró Aline palideciendo. Reprimió una oleada de mareo e hizo un esfuerzo por preguntar-: ¿Cómo pudiste pagar el pasaje a América? Debió de ser caro.
—Me costó cinco libras. Más de una anualidad. -Un tono de ironía matizó su voz revelando que aquella suma, tan desesperadamente necesaria años atrás, ahora no significaba nada para él—. Escribí a la señora Faircloth, quien me envió el dinero de sus propios ahorros". (Ibid., páginas 75 y 76).
Ambos sufrieron enormemente por su separación.
"La visión de Aline había despertado en su interior el fantasma de una humanidad perdida, le había recordado que hubo un tiempo en que era capaz de sentir alegría..., capacidad que había desaparecido hacía mucho. Le había llevado años reconducir el curso obstinado de su vida, y había sacrificado su alma en el empeño". (Ibid., página 84).

Lo que más me ha gustado de esta novela es la intensidad emocional con la que la autora construye la relación. No se trata solo de una historia de amor: también habla de las oportunidades perdidas, de las decisiones difíciles y de la fuerza necesaria para atreverse a elegir la propia felicidad. La autora consigue que los personajes se sientan vulnerables y cercanos, con heridas y contradicciones que hacen muy fácil empatizar con ellos. El ritmo de la acción tras el reencuentro lo marca el deseo de venganza de él y la fragilidad de ella. Se siente vulnerable por las secuelas que dejó en sus piernas el terrible accidente con aceite hirviendo y me parece admirable su capacidad para no decirlo hasta el final. Casi rendida a renunciar al amor de su vida...
La ambientación histórica acompaña muy bien el tono romántico, y la narración está llena de calidez. Hay escenas tiernas, momentos de tensión y una química entre los protagonistas que se percibe incluso cuando intentan mantenerse alejados.
Junto a los protagonistas el reflejo de una sociedad profundamente marcada por las costumbres, la esperanza del sueño de América frente a lo anclado en el tiempo. Los convencionalismos de una familia de bien y la cierta libertad del otro lado del océano.
Me ha gustado el romance de la hermana de Adeline. Esa otra segunda oportunidad que le brinca la vida. La protección de su hermano y la valentía de luchar por lo verdadero.
Sin contar demasiado, diría que La antigua magia es una lectura ideal para quienes disfrutan de los amores intensos, las segundas oportunidades y los romances que ponen el corazón un poco a prueba. No es una historia perfecta ni tampoco una que recordaré siempre, pero sí tiene emoción, sensibilidad y personajes que dejan huella.
Una novela romántica, envolvente y muy fácil de recomendar cuando apetece leer sobre un amor que se niega a desaparecer.



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